11 de enero de 2013

「Heartbreaker」

Estimado:

Creo que una vez tu nombre marcó tanto en mis pensamientos que ahora se volvieron arena que huye por mis dedos, sólo que esta vez recupero esa arena y pica en mi cabeza. En fin...

 ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que nos vimos, querido? Unos tres años más o menos, ¿no? Tres años que para mi han ido un horrible martirio, mi vida se volvió un desastre que no tiene vuelta atrás; el que te hayas ido de mi lado desarmó todo el futuro que tenía destinado pero bueno, no podemos hacer nada el respecto porque a pesar de todo, tú jamás volverás a estrecharte a estos brazos, a estos cálidos y flacuchos brazos que rodeaban toda tu delgada silueta varonil.

Sabes hace unos meses me estaba acordando de todo lo que vivimos, si es que lo vivimos de verdad, ya sabrás a que me refiero. ¿Recuerdas cuando me regalaste ese globo de color carmesí? Era hermoso, tenía el color de tus labios tras ser besados por mi apasionado y lujurioso ser. También las salidas nocturnas hasta la rueda de la fortuna que se encontraba en el otro lado de la ciudad, me llevabas en tu auto y cada vez que dábamos la vuelta por aquel acantilado me decías que los enamorados se suicidaban ahí, me era divertido, me hubiese gustado hacerlo contigo; luego llegábamos a nuestro destino que estaba esperándonos ansioso como sus fieles clientes y subíamos, observábamos el paisaje tan luminoso del pueblo y una parte de la ciudad, era hermoso. Tus mentiras también eran preciosas, me decías que jamás me dejarías y ahora estoy aquí escribiendo una linda carta donde recuerdo el par de cosas que más me marcaron. ¿Por qué un globo me marcó tanto si era tan simple? Fácil, estábamos disfrutando de ese globo juntos y era un lindo lugar que llegaba al circo, tú sabes que me encantan los circos y en especial los payasos, tú siempre decías que te ibas a disfrazar como uno para sorprenderme, jamás pasó pero eso ya no importa. Ahora que lo recuerdo, también me marcó la primera vez, cuando yo estaba sentada en una banca del parque, sola, leyendo un aburrido libro viejo lleno de detalles y hojas saltadas y te acomodaste a mi lado, en la otra esquina de la banca, a observarme con suavidad, tu mirada, a pesar de todo, me quemaba en el hombro y cuello mientras yo seguía fija en el libro. Creo que fue por una apuesta que te acercaste a mi en esa instancia. No lo sé, no recuerdo muy bien, pero si era por una puesta pues la amo pero la odio a la vez, no sabes como estoy ahora...

Ahora es cuando más necesito de tu abrazos reconfortantes, tus aburridos y poco dedicados besos, las miradas vacías donde no veía más que un falso sentimiento y un gran arrepentimiento de haberme conocido, te condené a amarme sólo por la clase de persona que soy, la idea no era esa pero sucedió. En este momento estoy en el borde un colapso mental crónico, donde mi cuerpo ya no responde y mis manos con suerte pueden escribir una tenue y humillante carta, como la dueña. Describiría mis sentimientos de una buena manera pero me es imposible, me gustaría dejar un desanimado beso en tu cuello y así me miraras de manera más fogosa pero ya ni eso espero. No espero nada en realidad.

Sólo quiero que leas la carta, te acuerdes de mi y que tus labios se resequen, tus ojos se empapen de la lluvia salada que brota por ellos y que tu rostro se desforme sabiendo que... Por tu culpa yo me iré para siempre. Yo sé que no nos volveremos a encontrar, porque soy la destinada a ir al infierno mientras que tú quedarás en la faz de la tierra deambulando muerto por no haber realizado todo lo que debías en tu vida, conmigo.

Mi corazón se detendrá justo cuando pronuncie tu nombre y la bala atraviese mi sien como si fueran mil y un palabras falsas de amor que siempre me prometías, bien sabíamos que era una vil mentira.

Buenas noches.
Te amo.