Tengo la misión de ayudar a mi opuesto, y tengo la necesidad de contar como sucedió, fue un dialogo corto, que en ocasiones me sacó de mi contexto, pero luego todo cambia....
Mis prendas negras, ajustadas y fuera de lo 'común', mi largo cabello liso y azabache, mi mirada oculta bajo un gran sombrero de copa, me sentía perfecta ante cualquier vulgar humano que se atravesara a mis frenéticos pasos con un bastón de clase. Mi caminata plagada de decencia y sensualidad a la vez, dejaba atónitas las miradas de arrogante mortales que se ubicaban cerca. Ustedes saben que no soy un ser normal, soy algo más en este pequeño mundo. Buscaba un ideal, mi objetivo, aquel con cual implementar mi conversación, pero no era cualquier objetivo, aquel era mi opuesto. Este personaje vestido de prendas blancas, cabello corto y mirada sin expresión alguna, estaba sentado, exhausto en una banca desastrosa, sentí un pequeño asco al admirar mi alrededor, escuchaba los susurros de aquellos arrogantes tan claros como si los gritaran, cada absurda palabra me causaba gracia, en especial un '¿Qué son ellas?'.
¿Te imaginas el ser más maligno dando pasos hacia un ser puro? Yo sé que nadie se libra del pecado, pero este ser no tenía manchas de daño hacia otros, no como yo. Dejé a un lado mis pensamientos vulgares e hipócritas y me paré frente a esta. Ladee mi cabeza con curiosidad y la observé, con atención, dediqué cada valioso segundo para detallar fielmente a este ser. Se que suena extraño, bastante poco común, pero eso me encanta. Así mismo, la reacción de aquella chica vestida de prendas limpias, alzó su mirada y se fijó en mi por un momento, acto seguido renunció el continuar observándome y rechazó mi mirada con una mueca de frivolidad. Tomé compostura y me ubiqué junto a ella, apoye mi bastón y me incliné a su oído, no perdí más tiempo y alcé mi voz áspera y sutil.
—¿Qué esperas? Te ves realmente ridícula.
Mantuvo un silencio que me sacó de casillas, pero aguanté las quejas y proseguí:
—¿Me responderás? —Di una mueca de disgusto y apegué un poco más mis labios a su oído. —Espero que sea con la verdad —susurré molesta.
—No sé que espero. —Rompió su silencio, la voz más pura y tranquila que jamás había oído de un ser como estos.
Realmente, era la primera vez que intercambiaba palabras con estos seres, con estos ángeles caídos o algo por el estilo. Sólo alcé mi ceja y deje caer un suspiro, alejándome de su oído con sutileza y cuidado.
—Si no lo sabes, levántate, sólo pierdes tu tiempo... Ustedes siempre lo valoran, más que nosotros. —mantuve mi tono.
—¿Debería? —susurró.
—Claro, te lo digo yo.
—¿Y tú quién eres? —cerró sus ojos y jamás se dio el tiempo de volver a lanzarme una mirada curiosa.
—Un demonio, un ser extraño. Nada natural. ¿No me sientes diferente? —alcé una ceja.
Tomó una pausa y asintió con su cabeza, agitando un poco su liso cabello.
—¿Entonces, creerás en mí? —extendí mi mano, cubierta con un guante negro de seda, intenté ser gentil y no hipócrita, se me hacía difícil.
—No lo sé... —Dijo incomoda.
Quería gritarle, me estaba colmando la paciencia, ¿Cómo aquel ser podía estar tan sereno sin siquiera saber cual era su misión en esté apestoso lugar? Poseo tan poca información sobre mis opuestos, no podía seguir lidiando en tan poco rato a un personaje que estaba tranquilo, ¡Ni siquiera sabía que era! Estoy segura.
—¿Supongo que sabes lo que eres? —intenté mantener la calma, aunque se notaba que ya estaba en el borde.
—Algo diferente...
—¿Sólo eso? —quise sentarme a su lado, pero decidí apoyar mi pie en la banca.
Reflexioné y reflexioné, sólo estaba intentando no sonar grosera pero lo hacia igual, pero igual aquella no daba rastros de sentir algo más, sólo escuchaba claro sus latidos tranquilos, su mente estaba serena y su mirada expresaba... Nada.
—Sí, sólo eso... ¿Qué sabes tú? —musitó para sí, pero la oí claramente.
—Eres un ángel, estás en esa posición demostrando no sentir nada cuando el fuerte dolor de tu espalda te desespera. ¿Estoy en lo correcto? —Dije, con un tono cínico, estaba naciendo aquel ser que oculté por un momento.
La desesperada mirada de la muchacha era increíble, sus ojos abiertos como plato mirando fijo el suelo, sus pupilas temblaban igual como si hubieses visto algo realmente chocante, como un asesinato de aquel persona que más ames, la palabra más dolorosa, eso fue, toqué lo que no debí pero me encanta hacerlo, es mi diversión.
—¡Responde! —grité de una manera grosera, golpee el bastón en el suelo y unos pájaros huyeron desesperadamente, los mortales que estaban cerca de nuestra presencia se habían esfumado al tiempo que las aves huyeron. Fue todo realmente instantáneo.
—Estás en lo correcto. —dijo con voz temblorosa, pero seca.
—Siempre lo estoy. —ocupé una voz tranquila y engreída.
Yo sabía que a muchos Ángeles les sacaba de casilla el que un Demonio sepa todo lo que sientan, hasta lo más pequeño, pero se aliviaban con el saber que jamás podrían leer sus mentes, por cierto, cosa que me molesta de una manera catastrófica. Retomé el habla y me admiré de mi misma por mi apariencia arrogante, no me sentía exquisita como siempre lo era.
—¿Qué me dices al respecto, ángel? ¿Te levantarás, dejarás que tus alas salgan y sepas qué haces aquí, entre los débiles mortales? —sonreí triunfante, pero decrepita.
—No me acostumbro a que me llames así, demonio. —dijo. —No me das la fe de confiar en tus palabras, pero... Tienes mucha razón. No sé que hago aquí, tengo un dolor horrible en mi espalda, no soy tan simple como me ves, soy más de lo que crees, no me mires como un ángel más. —calcó en mi cara y alzó su mirada desafiante, pero no se levantó de su lugar.
Palpé su espalda como quien fuese la mejor amiga. Esta se sorprendió y me hizo un quite horrendo, reí, como nunca pude haber reído antes, como reflejo tapé un poco mi boca con el dorso de mi mano. Ella seguía observándome, su mirada me quemaba pero lo ignoré por completo, detuve las risotadas y la admiré un momento, bajé mi pie de la banca y tomé una postura elegante con ambas manos en el cuero, en el cacho del bastón.
—Eso deseaba oír. Sé lo que eres, hasta creo que lo sé mejor que tú, pero... —desvié mi mirada y apunté a nada. —Tú debes continuar, aunque tus alas pesen de una manera increíble. Busca tu motivación, el por qué, eres por qué que a todos nos saca de casillas, nos desespera y ya no sabemos donde llegar para saber más. —susurré.
Ella dio un paso corto, levantó su torso con cuidado y finalmente se puso de pie junto a mi, la miré de reojo y la observé. Tenía su mirada fija adonde apuntaba mi dedo índice y sonrió de lado.
—¿Por qué haces todo esto? Gastas tu tiempo... —seguía perdida en esa nada apuntada por mi.
—No lo gasto, o sino, ya hubiese emprendido marcha apenas haya empezado la conversación. —dije divertida. —Lo hago porque tú eres mi opuesto. Ciertos demonios tienen su opuesto siendo un ángel, otros son humanos y así. Debes aprender más de lo que eres y yo te ayudaré.
—No eres tan malvada como te ves... —risoteo un poco y se veía realmente adorable, el aspecto de un ángel que ya no estaba perdido en sus pensamientos. Volví a apoyar mi mano en el bastón y negué con la cabeza.
—No se diga más y caminemos a esa 'nada' que nos espera. Yo sé que está ansiosa por saber más de nosotras, debe estar aburrida de esos mortales. —reí bajo.
Emprendí marcha, unos cuantos pasos y escuché el arrastre de grandes plumas... Volteé y era eso, ella dejó nacer sus alas, eran enormes y plagadas de nuevas plumas suaves, delicadas, eran preciosas. Sonreí un poco y ella me adelantó con una caminata ansiosa y llena de fe, ladee mi cabeza con una mueca divertida, negué nuevamente con la cabeza y fui tras esta con un paso tranquilo y sereno.
Ahora sé que si una se detiene, la otra también lo hará.
