"[...] Por primera vez tuve ese miedo, que alguien no creyera en mí, está vez estaba siendo completamente honesta, no sentía la necesidad de mentirle en algún momento, por otro lado me sentía denigrante porque jamás había sido así, está vez tuve la gran sensación de estrecharla en mis brazos con fuerza para no perderle."
Haruko tenía su mirada esquiva por unos minutos, luego la alzó para enfrentarla contra la mía, un escalofrío recorrió mi cuerpo, era como si sus ojos me apuñalaran con frialdad, pero una sonrisa escapó de sus labios, parecía que todo estaba tranquilo y nada había sucedido. Dejé escapar un suspiro pesado y agité leve el bastón que traía conmigo, lo hice girar entre mis dedos, quería despistarme un momento pero la insistente mirada de la chica me llamaba, la risa suave también, el viento creo que gritaba que la mirara y le respondiera como debe ser y no algo completamente ambiguo. Un instantáneo abrazo rodeo mi cuello, un fuerte apretón y así mismo, estrechó mi cuerpo al de ella, mi bastón cayó con fuerza emitiendo un ruido molesto que no tomamos en cuenta, mi piel de gallina estaba aún más fría, mientras que la expresión en mi cara era totalmente graciosa, mis ojos como plato y mis brazos situándose lentamente en su fino torso. Una sensación nueva.
—Eres un ser especial, aunque no sepas expresar tus sentimientos como debe ser. —susurró Haruko en mi oído, intenté no estremecerme por aquel contacto tan cercano, era un lindo encuentro pero no era de típica costumbre, menos para mi. —Un demonio torpe. —dijo sin pelos en la lengua y sonrío amplio.
Para mi sorpresa, no me enojé, es más, reí un poco para acompañar su sonrisa carismática, aquel ser me alegraba de algún modo especial aunque en ocasiones mis palabras la dañaran o la hicieran dudar de mi 'querer'. Suavemente alejé mi cuerpo del suyo, ladee mi cabeza e hice tronar mis huesos, desvié mi mirada al piso donde el bastón había caído, nada me inspiró a cogerlo de ahí, sólo me dediqué a mirarlo y a pensar un momento. Ella, en cambio, seguía ahí pero esta vez con sus labios curvos en una sonrisa ladina, situó sus brazos de lado a lado después de que la alejé y se inclinó para encontrar nuevamente su mirada en la mía.
—Es difícil, tú también eres así. —levanté mi mirada rápidamente, ella hizo lo mismo y agitó sus alas para causar un poco de ánimo al ambiente, en efecto un viento suave sopló mi cabello e hizo que mi sombrero cayera, no tuve impulso de querer tomarlo, simplemente lo vi caer junto al bastón.
Haruko esbozó una risa inaudible, se agachó con dificultad y tomó mis cosas, asimismo se levantó y me las entregó con total afecto, como si fuera el regalo más esperado lo acepté, fijé mi mirada en el lazo que este traía y sonreí ladino.
—Lo sé, por algo te digo que eres torpe. —dio un paso atrás, rápidamente volteo su cuerpo, agitando nuevamente sus alas y volteó su rostro hacia mi, su mirada se encontró con la mía. —¿Seguiremos? —cerró sus ojos y con gentileza me sonrío.
No respondí inmediatamente, primero ubiqué el sombrero en mi cabeza, lo situé firme y seguido, mantuve el bastón en mi mano tomado desde la mitad. Tomé compostura, la misma sutileza que tenía al principio de todo esto y luego de cesar la mirada en su sonrisa, asentí con la cabeza como respuesta a su pregunta ansiosa. Tomó mi mano y enlazó sus dedos. Nuevamente mi piel se puso como gallina, nuevamente aquel tacto me hizo estremecer y solté otro de esos suspiros frustrados. Haruko emprendió el paso, y rápidamente la seguí. Ahora ella me guiaba por caminos diferentes, entre personas cuyos rostros eran borrosos para mi, cuyas miradas se posaban en nuestras vestimentas, en sus enormes alas, en mi divertida acción de jugar con el bastón entre los dedos, en nosotras. En fin, me dejé llevar.
Olvidé por completo que mi mano estaba enlazada con la suya, Haruko era la pequeña que debía entretener y así fue, en el camino le conté mil historias, diferentes cosas sobre donde estábamos, semejanzas notables entre nosotras, ella reía y asentía con su cabeza o simplemente aportaba con más cosas, complementábamos cada historia con diferentes ideas, frases o palabras nuevas para que sonara mejor. Inevitablemente en mi cabeza daba vueltas que debía responder el por qué estaba con ella, por qué la ayudaba.
—Sabes... —dije en un hilo de voz, ella dejó de reír y me observó atenta con una mirada felina que me causó un tanto de gracia, pero no lograba tranquilizarme. —Tú crees que soy aquella definición fija que tienen los de mi tipo. —suspiré y proseguí: —Pero no. A la vez sabes que soy diferente, por algo estoy acá hablando con mi contrincante, hasta podría decirse que aquel personaje que debería odiar. El tema es que todos tenemos un opuesto, en el ámbito que sea, y tú eres aquel opuesto que buscaba. —cesé con la mirada, mientras que ella estaba cada vez más atenta. —Tú eres lo que yo no tengo y, claramente, viceversa. A lo que quiero llegar es a que tú tenga una mirada muy diferente hacia mí, yo no vengo a destruir tu camino, vengo a fortalecerlo. Porque cada vez que caigas estaré para levantarte de alguna manera u otra, cada vez que no sepas que hacer intentaré buscar la solución. Porque soy más vieja y estoy segura que he recorrido la vida más veces de las que tú lo has hecho. He vivido una y otra vez la misma realidad de diferentes perspectivas. —suspiré pesado. —Es inútil, no sé expresarme. —negué firme.
Pensé en soltarme del agarre de su mano, pero ella lo apretó más, una sonrisa amplia estaba en su rostro oculto de su cabello, y lágrimas cesaban por sus suaves mejillas. Por efecto, soltó mi mano, se alzó a mi cuerpo y me abrazó, sollozando en mi hombro. Cerré mis ojos y nuevamente suspiré...
—Gracias... —interrumpió mi suspiro con su voz quebradiza y casi infantil. Correspondí a su abrazo por fin y escondí mi rostro en su cuello.
Ahuyenté las lágrimas, la voz quebrada y los jadeos de sorpresa, me mantuve ahí, abrazando firmemente a mi compañera, así es, a mi compañera. Ella sería el personaje al cual estuve esperando todo este tiempo para aventurarme por los diferentes caminos que nos ofrece esta vida. Aquel personaje en el que confiaré hasta la más triste verdad y viceversa, aquel ser que ofrecerá su hombro y asimismo seré yo con ella.
* * *
Ella es mi fiel acompañante, la que conoce gran parte de mi vida, aquel ser que ya conozco casi como la palma de mi mano. Siempre estaré para escuchar sus caprichos, ayudar en sus problemas aunque con suerte sepa solucionar los míos, hacerle sonreír, estar para ella en sí. Por cierto, aquel personaje llamado Haruko, es mi mejor amiga y hermana, la cual no necesariamente deba ser de sangre para amarla de esta manera.
