"Hoy, como siempre sus enloquecidos pensamientos abusan de mi."
Recogí
mi cabello con cuidado, mirando el techo de una habitación totalmente
desconocida. No estaba la presencia de ningún ser a mi lado, el silencio
ensordecedor que en ocasiones se trizaba con el monótono sonido de las
manecillas del reloj mural, se escuchaba a ratos, estaba tan lejos de mi
que en momentos pensaba que ya había perdido la cordura y sólo era mi
imaginación que había un silencio, que estaba solo, que era un lugar
desconocido. Tomé mis ropas y el movimiento de un individuo sobre la
cama me interrumpió, voltee y no estaba solo como pensé al principio. El
pelinegro tenía el cabello sobre los ojos, sus labios rectos sin
expresión alguna y su cuerpo enredado en las sábanas, él estaba
profundamente dormido.
"Ya no entiendo nada de mi propia situación."
Suspiré
ignorando todo lo de mi alrededor hasta a el magnífico muchacho que
descansaba plácidamente cerca de mi, aquel que estuvo a mi lado toda la
noche. Me vestí rápidamente y caminé hasta la puerta donde alguna vez
alguien había escapado por alguna razón que no sé, que no recuerdo.
Apoyé los dedos en la perilla y abrí, acto seguido, frente a mi, el otro
pelinegro ya estaba observándome con molestia, como si la novia de él
se encontrara dentro. Dio unos pasos y frunció aún más el ceño, sus
labios se curvaron y con un rápido impulso me dio un fuerte empujón en
el pecho. Retrocedí cuantos pasos fuesen necesarios para equilibrar y no
caer.
"Él está arrebatándomelo todo."
—¡Y a ti qué carajos te pasa! —apreté los puños.
Ryutaro
se inclinó de la cama, tranquilo y al ver la situación se levantó con
ropa interior y una camiseta larga que dejaba lucir su pecho. Frunció
los labios y observó a Kenken con seriedad, en este caso, el chico
estaba fijo en mí, volviendo a sus pasos anteriores, dejándome contra la
pared, al momento que sus manos se dirigían a mi cuello las tomé y
sostuve con fuerza.
—¿Qué demonios haces acá? —estimulaba
apenas el pelinegro, cada vez más enfurecido ante mi presencia,
ignorando totalmente a Ryutaro quien sólo observaba sin saber que hacer.
—No
le doy explicaciones a un niñato. —fruncí mis labios y lo empuje con
fuerza contra un mediano estante junto a la cocina, provocando un
estruendo. —Tengo bastante contigo. —me acerqué y tomé de su camiseta
negra con puntos blancos, alzándolo y pegando su cuerpo contra el frío
muro.
—¿Conmigo? ¿Tienes celos de que Ryutaro tenga más confianza
en mí que en ti? —una sonrisa amplia y sarcástica me sacaban más de
casillas.
—... Te voy a partir el rostro. —alcé mi puño que rápidamente fue presionado por los fríos dedos de Ryutaro.
—Ya basta. —la pequeña frase estimulada por el mayor. —Parecen críos.
—Ryutaro
no te metas, Tatsuro me quiere romper el cráneo a golpes, ¿verdad?
—volvió a sonreír. Apreté mis ojos, me colmaba la situación, me sentía
encerrado, sofocado de palabras irónicas por parte de Kenken.
"¿Soy un error? ¿No es este mi lugar?"
—Par de idiotas, paren. —Ryutaro jaló mi camiseta y yo aún no podía articular palabra, seguía aprisionado.
—¿Y
qué pasa contigo, eh? ¿Qué hacías con él cuando eres mío? —el chico
pronunció la última palabra con gracia, mis ojos como platos,
sorprendido y casi con ganas de llorar. Lo solté y así mismo me deshice
del agarre que había ejercido Ryutaro en mi prenda. Me estaba saturando
de ideas en la cabeza, sentía que iba a explotar.
—Más falacias. —se quejó Ryutaro y retrocedió un par de pasos, cruzando sus brazos casi de manera infantil.
—Mira
como tienes a Tatsuro, deberías decir la verdad. —un tono sarcástico,
una sonrisa burlona, la misma sonrisa que me encanta utilizar estaba
contra mi. Enfermante.
—¿Algo que decir?... —susurré y fije mi vista en el mayor, ignorando a Kenken, a quien anteriormente quise sacarle los sesos.
Ryutaro
tomó silencio por varios minutos, miraba el piso y jugaba con su larga
camiseta, estaba más nervioso de lo normal, a pesar de la rabia que
estaba pasando seguía observándolo como un ser adorable, aquel personaje
que me había enamorado de una manera bastante especial.
—No
soy de nadie, pero sí tengo un sentimiento por sólo uno de vosotros.
—sonrió ladino, le hacía gracia la posición actual y eso, extrañamente,
me tranquilizó.
—¡Ryutaro, dilo! —Kenken chilló y al momento que
iba a golpear el hombro del mayor tomé firme su mano, jalé y tiré de
ella como cual juguete. El chico se quejó y regañó entre dientes,
mientras que al mayor cerró un poco los ojos y dejó nacer una risita
juguetona.
—No responderé. —se calmó y dedicó una sonrisa
traviesa, que a Kenken fácilmente sacó de quicio. Suspiré pesado y negué
con la cabeza.
—No quiero escuchar más porquerías, ya tengo
suficiente con la presencia cínica de ambos. No tolero más. —pasé por
ambos; admiré de reojo al menor y éste sonreía casi triunfante, mientras
que Ryutaro observaba fijamente el suelo con sus labios entreabiertos
quedando con las ganas de defenderse, los ojos un tanto más abiertos, su
expresión me desmoronaba.
"Él está arrebatándomelo todo, tanto las cosas irreemplazables como las personas importantes."
Kenken
no estímulo palabra alguna, sólo hizo que el silencio se rompiera con
su traviesa y leve risa. Ryutaro permanecía quieto, los brazos a cada
lado de su delgado y fino cuerpo daban la impresión de un ser totalmente
desarmado que ya no soportaba más la situación y no sabía como
controlarla. Salí del lugar y rápidamente hice todo por entrar al
departamento, me estaba desesperando casi con un llanto enfermizo que no
pensaba dejar fluir. Entré y al tiempo que iba a cerré la puerta,
Kenken hizo igual con la propiedad del mayor, lo último que pude ver fue
como Ryutaro, mi adorada marioneta, inclinaba su cabeza hacia el techo
con sus labios tensos y los ojos cerrados, una expresión vacía. Cerré la
puerta y bufé.
—¿Qué puedo hacer por alguien que nunca me ha abierto su corazón?
—musité y mi voz se quebraba lentamente. Voltee y suspiré pesado; Teto
me observaba sentada cerca de los pies, estaba atenta. Rodé los ojos y
apreté de ellos evitando llorar.
Caminé hasta la cama, la
gata me siguió, me senté y ésta de inmediato se acomodó en mis piernas,
acaricie su lomo unas cuantas veces y ronroneo suavemente, me calmaba un
poco pero no quitaba de mi cabeza lo sucedido anoche ni mucho menos
cuando éste alzo su cabeza y su rostro que estaba deshabitado de
expresiones... Me frustraba, mis pensamientos y emociones me comían poco
a poco y me llevaban a un lugar diferente. Los suspiros de Ryutaro aún
estaban deslizándose por mi cuerpo, en especial mi cuello, así como sus
dedos se enredaban en mi cabello y lo jalaba con temor a que le dijera
algo. Después de todo eso que venga un personaje cualquiera y arruine
algo que podía haber sido mejor. Todo poco a poco empezaba a ser un
desastre, mi puzzle se desarmaba y el hilo se tensa cada vez más.
"El tú dentro de mí no desaparecerá."