25 de diciembre de 2012

「遅い」 • 6 •

"Hoy, como siempre sus enloquecidos pensamientos abusan de mi."

Recogí mi cabello con cuidado, mirando el techo de una habitación totalmente desconocida. No estaba la presencia de ningún ser a mi lado, el silencio ensordecedor que en ocasiones se trizaba con el monótono sonido de las manecillas del reloj mural, se escuchaba a ratos, estaba tan lejos de mi que en momentos pensaba que ya había perdido la cordura y sólo era mi imaginación que había un silencio, que estaba solo, que era un lugar desconocido. Tomé mis ropas y el movimiento de un individuo sobre la cama me interrumpió, voltee y no estaba solo como pensé al principio. El pelinegro tenía el cabello sobre los ojos, sus labios rectos sin expresión alguna y su cuerpo enredado en las sábanas, él estaba profundamente dormido.

"Ya no entiendo nada de mi propia situación."

Suspiré ignorando todo lo de mi alrededor hasta a el magnífico muchacho que descansaba plácidamente cerca de mi, aquel que estuvo a mi lado toda la noche. Me vestí rápidamente y caminé hasta la puerta donde alguna vez alguien había escapado por alguna razón que no sé, que no recuerdo. Apoyé los dedos en la perilla y abrí, acto seguido, frente a mi, el otro pelinegro ya estaba observándome con molestia, como si la novia de él se encontrara dentro. Dio unos pasos y frunció aún más el ceño, sus labios se curvaron y con un rápido impulso me dio un fuerte empujón en el pecho. Retrocedí cuantos pasos fuesen necesarios para equilibrar y no caer.

"Él está arrebatándomelo todo."

 —¡Y a ti qué carajos te pasa! —apreté los puños.

Ryutaro se inclinó de la cama, tranquilo y al ver la situación se levantó con ropa interior y una camiseta larga que dejaba lucir su pecho. Frunció los labios y observó a Kenken con seriedad, en este caso, el chico estaba fijo en mí, volviendo a sus pasos anteriores, dejándome contra la pared, al momento que sus manos se dirigían a mi cuello las tomé y sostuve con fuerza.

—¿Qué demonios haces acá? —estimulaba apenas el pelinegro, cada vez más enfurecido ante mi presencia, ignorando totalmente a Ryutaro quien sólo observaba sin saber que hacer.
—No le doy explicaciones a un niñato. —fruncí mis labios y lo empuje con fuerza contra un mediano estante junto a la cocina, provocando un estruendo. —Tengo bastante contigo. —me acerqué y tomé de su camiseta negra con puntos blancos, alzándolo y pegando su cuerpo contra el frío muro.
—¿Conmigo? ¿Tienes celos de que Ryutaro tenga más confianza en mí que en ti? —una sonrisa amplia y sarcástica me sacaban más de casillas.
—... Te voy a partir el rostro. —alcé mi puño que rápidamente fue presionado por los fríos dedos de Ryutaro.
—Ya basta. —la pequeña frase estimulada por el mayor. —Parecen críos.
—Ryutaro no te metas, Tatsuro me quiere romper el cráneo a golpes, ¿verdad? —volvió a sonreír. Apreté mis ojos, me colmaba la situación, me sentía encerrado, sofocado de palabras irónicas por parte de Kenken.

"¿Soy un error? ¿No es este mi lugar?"

—Par de idiotas, paren. —Ryutaro jaló mi camiseta y yo aún no podía articular palabra, seguía aprisionado.
—¿Y qué pasa contigo, eh? ¿Qué hacías con él cuando eres mío? —el chico pronunció la última palabra con gracia, mis ojos como platos, sorprendido y casi con ganas de llorar. Lo solté y así mismo me deshice del agarre que había ejercido Ryutaro en mi prenda. Me estaba saturando de ideas en la cabeza, sentía que iba a explotar.
—Más falacias. —se quejó Ryutaro y retrocedió un par de pasos, cruzando sus brazos casi de manera infantil.
—Mira como tienes a Tatsuro, deberías decir la verdad. —un tono sarcástico, una sonrisa burlona, la misma sonrisa que me encanta utilizar estaba contra mi. Enfermante.
—¿Algo que decir?... —susurré y fije mi vista en el mayor, ignorando a Kenken, a quien anteriormente quise sacarle los sesos.

Ryutaro tomó silencio por varios minutos, miraba el piso y jugaba con su larga camiseta, estaba más nervioso de lo normal, a pesar de la rabia que estaba pasando seguía observándolo como un ser adorable, aquel personaje que me había enamorado de una manera bastante especial.

—No soy de nadie, pero sí tengo un sentimiento por sólo uno de vosotros. —sonrió ladino, le hacía gracia la posición actual y eso, extrañamente, me tranquilizó.
—¡Ryutaro, dilo! —Kenken chilló y al momento que iba a golpear el hombro del mayor tomé firme su mano, jalé y tiré de ella como cual juguete. El chico se quejó y regañó entre dientes, mientras que al mayor cerró un poco los ojos y dejó nacer una risita juguetona.
—No responderé. —se calmó y dedicó una sonrisa traviesa, que a Kenken fácilmente sacó de quicio. Suspiré pesado y negué con la cabeza.
—No quiero escuchar más porquerías, ya tengo suficiente con la presencia cínica de ambos. No tolero más. —pasé por ambos; admiré de reojo al menor y éste sonreía casi triunfante, mientras que Ryutaro observaba fijamente el suelo con sus labios entreabiertos quedando con las ganas de defenderse, los ojos un tanto más abiertos, su expresión me desmoronaba.

"Él está arrebatándomelo todo, tanto las cosas irreemplazables como las personas importantes."

Kenken no estímulo palabra alguna, sólo hizo que el silencio se rompiera con su traviesa y leve risa. Ryutaro permanecía quieto, los brazos a cada lado de su delgado y fino cuerpo daban la impresión de un ser totalmente desarmado que ya no soportaba más la situación y no sabía como controlarla. Salí del lugar y rápidamente hice todo por entrar al departamento, me estaba desesperando casi con un llanto enfermizo que no pensaba dejar fluir. Entré y al tiempo que iba a cerré la puerta, Kenken hizo igual con la propiedad del mayor, lo último que pude ver fue como Ryutaro, mi adorada marioneta, inclinaba su cabeza hacia el techo con sus labios tensos y los ojos cerrados, una expresión vacía. Cerré la puerta y bufé.

¿Qué puedo hacer por alguien que nunca me ha abierto su corazón? —musité y mi voz se quebraba lentamente. Voltee y suspiré pesado; Teto me observaba sentada cerca de los pies, estaba atenta. Rodé los ojos y apreté de ellos evitando llorar.

Caminé hasta la cama, la gata me siguió, me senté y ésta de inmediato se acomodó en mis piernas, acaricie su lomo unas cuantas veces y ronroneo suavemente, me calmaba un poco pero no quitaba de mi cabeza lo sucedido anoche ni mucho menos cuando éste alzo su cabeza y su rostro que estaba deshabitado de expresiones... Me frustraba, mis pensamientos y emociones me comían poco a poco y me llevaban a un lugar diferente. Los suspiros de Ryutaro aún estaban deslizándose por mi cuerpo, en especial mi cuello, así como sus dedos se enredaban en mi cabello y lo jalaba con temor a que le dijera algo. Después de todo eso que venga un personaje cualquiera y arruine algo que podía haber sido mejor. Todo poco a poco empezaba a ser un desastre, mi puzzle se desarmaba y el hilo se tensa cada vez más.

"El tú dentro de mí no desaparecerá."