Un jadeo escapó leve de mis labios y una mano se posó en mi hombro, no podía moverme ni responder a aquello, me había petrificado instantáneamente. Los dedos tan fríos como ese bosque, estaban posados en mi hombro descubierto, el vestido rojo no acompañaba para aquella sensación de aquel lugar, ni de aquel ser que tenía tras de mi, cual rostro no sabía como era. Una suave voz susurraba en mi oído, provenía de los labios de aquel personaje, era hombre por lo que deduje, por un momento me sentí seducida pero después de un momento, entre en un leve calor, me sentí relajada pero sus palabras eran extrañas.
—¿Recuerdas aquella vez? —dijo aquel.
No sabía que responder, ¿qué hice aquella vez con un desconocido? Bueno, no he visto su rostro, pero la voz no se me hace conocida o es que estoy tan distorsionada que ya nada recuerdo, el frío se fue a mi cabeza, penetraba en mi sien y me estremecí con recelo. No sabía como actuar, intenté responder pero no salía mi voz. Hasta que finalmente lo logré, pero sin esperanzas de que aquel ser me respondiera.
—¿Qué vez? —dije en un hilo de voz. Esto estaba asustándome.
—Veo que ya no lo recuerdas, que fácil. —musitó con una risa maliciosa.
Aquella risa me petrificó nuevamente, la había escuchado antes, ¿acaso era él? No quiero que otra vez me hunda de donde acabo de salir, ¿o acaso este lugar es mi nuevo espacio sin salida? Eso hizo que me enfadara. Tomé con firmeza su mano, un leve choque eléctrico me alejó de ella rápidamente, ¿qué era eso? Voltee con desesperación y lo admiré, tenía su rostro tapado con sus finas manos, sus largos dedos y sus puntiagudas uñas, una camisa blanca simple, pantalón y zapatos negros sin ningún tipo de exageración. ¿Qué era aquel... ser? Quería ver detrás de esas manos, no tenía repugnancia, si no que un cariño horriblemente grande. Llevé mis manos hacia las suyas, estaba ansiosa por saber quien era, pero el ser estaba inmóvil, por un momento tuve miedo de seguir, pero luego dejé mis manos posadas sobre las suyas, un escalofrío recorrió mi cuerpo y él se rió otra vez, una sonrisa enorme que partía su cara por la mitad y unos dientes afilados, hicieron que escapara un grito leve de excitación, ¿qué tenía frente a mi? No podía desviar mi mirada por ningún motivo. Él se volteó, destapó su rostro con sumo cuidado y emprendió la marcha con rapidez entre las grandes raíces de los árboles, que sobresalían exageradamente del suelo, el terreno estaba empinado y después de que se alejó un resto, lo seguí, algo me quería mostrar o simplemente, me quería matar.
