"[...] Emprendí marcha, unos cuantos pasos y escuché el arrastre de grandes plumas... Volteé y era eso, ella dejó nacer sus alas, eran enormes y plagadas de nuevas plumas suaves, delicadas, eran preciosas. Sonreí un poco y ella me adelantó con una caminata ansiosa y llena de fe, ladee mi cabeza con una mueca divertida, negué nuevamente con la cabeza y fui tras esta con un paso tranquilo y sereno."
No dejaba de observar esas enormes alas, hasta por un momento me cuestioné: "¿Por qué ella las trae y yo no?" Tanta es mi envidia que llegué a preguntar aquello, por un instante pude cesar y pensar: "Es completamente ridículo". Solté un gran suspiro y seguí mi caminata lenta, con mi curiosa pero denigrante mirada seguía unas aves en su vuelo, escuchaba atento el susurro de las hojas de los arboles con el revoloteo del viento, estaba furioso pero divertido, mi lacio cabello fue brutalmente desordenado por esté y me quejé, ordenándolo nuevamente pero ella, cual aún no sabía su nombre, estaba divertida sintiendo las caricias del viento entre sus enormes plumas, aquello le relajaba, levantó su brazos, arqueo leve su espalda y se estiró igual como si tocara el cielo, tenía una ardiente sonrisa, en cambio yo, sólo seguía viviendo la misma rutina, con la gran excepción de que estaba acompañada.
El ruidoso viento me tenía aburrida y dejé que mis labios se entreabrieran un poco para dejar escapar mi voz monótona.
—¿Te sientes a gusto? —fue una pregunta ridícula, sabía tal cual como se sentía, pero no lo que pensaba.
Ella volteó, una amplia sonrisa se apoderó de su rostro como si la felicidad era su fiel compañera de toda la vida, y esa no era yo.
—¡Claro! —arrastró su corto mechón tras su oreja derecha y cerró sus ojos tranquila, el viento sopló con fuerza nuevamente sobre su cabello y lo revolvió, quedando divertida ante mi curiosa mirada. —Estoy acompañada, quizás sepa donde ir de ahora en adelante... Supongo. —su sonrisa se desvaneció, al mismo tiempo el viento dejó de molestar y el silencio se apoderó de nuestro espacio.
Hice una mueca de disgusto porque el silencio me molestaba, me daba nauseas estar ahí callada, frente a una persona que a pesar de todo era completamente ruidosa pero tranquila. Decidí romper el silencio una vez más.
—¿Supones? ¿Qué clase de cosa eres? Deberías estar segura. —alcé una ceja, di la sonrisa más amplia y divertida intentando que está respondiera.
El ángel que tenía frente a mis ojos me observaba detenidamente, cada detalle que tenía hasta que finalmente sus ojos nuevamente se posaron sobre los míos de una manera serena pero extasiada en curiosidad, ladeo su cabeza e hizo tronar su cuello de la misma manera que lo hago yo, me estremecí con repugnancia y con fuerza sujeté mi bastón, ¿estaba viendo una replica 'buena' de mi, otra vez? ¿Estaba siendo imitada de una manera... Honesta, decente, desquiciadamente buena?
—¿Cómo saberlo si tu no hablas todo lo que necesito saber? —repuso con violencia, mis ojos sorprendidos imposibles de disimular recorrieron los rincones del lugar en el que estábamos detenidas y el viento sopló con fuerza sobre mi rostro, cesó mi cabello con brutalidad pero yo no daba respuestas de cambiar mi expresión... ¿Qué podía decir?
—Pregunta. —musité.
—¿Sólo eso? —alzó su ceja, agitó sus alas y me observó con aún más atención. —¿Serás honesta?
¿Honestidad? Sólo es algo que lo he interpretado sólo con ella, ¿aún sigue dudando de mi? ¿Tan repugnante y falsa me veo? ... Suspiré pesado y asentí con la cabeza. Ella se acercó con tranquilidad hacia mí, estiró su brazo y con sus largos dedos tocó mi lacio cabello, enredándolo con cuidado en estos y su mirada era divertida, expresaba la nada, estaban opacos pero su amplia sonrisa quería saberlo todo.
—Empecemos... —seguía jugando y yo la observaba fijamente, era extraño que alguien tocara mi cabello, no estaba acostumbrada, me estremecí leve al ver como enroscaba mis finos cabellos en sus largos e intrusos dedos. —¿Cómo te llamas? —se largó a reír, era adorable observarla de esa manera pero me daba miedo, era un miedo extraño... Hablar con la verdad, hasta en ese tema, era extraño y nuevo.
—Tatsushi. —dije serena, desvié mi mirada a sus dedos que seguían traviesos. —¿Tú? ¿Haruko? —admiré la expresión de sorpresa de mi compañera, estaba en lo correcto y gracias a eso sonreí gloriosa.
—¿Eh? ¿Cómo lo sabes? —su voz estaba temblorosa, sus ojos gritaban miles de preguntas y la que más destaco es: '¿Cómo sabe tanto de mi?'.
—No lo sé. —me largué a reír mientras Haruko seguía anonadada sin más que decir, tragó saliva molesta. —¿Proseguirás? —musité tranquila, fija en sus dedos tiesos que poco a poco soltaban mi cabello y daba un paso atrás.
—Sí. —sacudió su cabello. —¿Dónde debemos ir?
—Honestamente, no lo sé. Debemos descubrir o sino nada de esto carecería de sentido. —mantuve mi actitud humilde, por un momento me sentí humillada por ser así.
—Descubrir.... —susurró para sus adentros y sonrío mientras con la yema de su dedo indice tocaba su labio inferior de manera divertida.
—Sí, eso debemos hacer. Y por eso extiendo mi mano, te ayudo a que descubramos juntas lo que sigue y así más y más. —admiré su gesto y sonreí ladina.
—¿Por qué eres así conmigo? Tan... —tomo una pausa y prosiguió, —tranquila, serena, humilde... Se supone que eres mala, ¿no? —fijo su mirada al suelo, su cuerpo se estremecía quizás con miedo, pero estaba tan ansiosa por saberlo todo que gatillaba aún más mi respuesta 'definitiva'.
—¿No te lo había dicho con anterioridad? Seré un demonio, pero no soy del todo malo o eso creo. —reí suave, tomándolo como una pausa, —no tengo la necesidad de hacerte daño, eres mi opuesto, a quien debo cuidar y con el cual debo seguir, no eres cualquier 'cosa'. —dije.
Su mirada cesó nerviosa, ¿cómo se podía sentir con esa respuesta? Era completamente vulgar, ambigua pero que de algún modo decía demasiado, quizás no tanto pero si lo suficiente para que creyera en mi y dejara de dudar sobre mis palabras, sobre quien soy.
Por primera vez tuve ese miedo, que alguien no creyera en mí, está vez estaba siendo completamente honesta, no sentía la necesidad de mentirle en algún momento, por otro lado me sentía denigrante porque jamás había sido así, está vez tuve la gran sensación de estrecharla en mis brazos con fuerza para no perderle.
¿Tanto era el cariño que sentía por Haruko, por ese Ángel? ... Esa era mi gran pregunta, la que poco a poco respondo con mis propios medios y con las palabras de ella, que cesaban tal cual como lo hacia el viento.
