8 de diciembre de 2012

「遅い」 • 4 •

Por un momento, la soledad tocó mi espalda y tuve miedo...

El ocaso desapareció, la noche era cómplice de lo que sucedía en ese instante donde volveremos a empezar; nuestras lenguas se desenlazaron, sus carnosos labios se desvanecían de mi deseado agarre y su pecho, que en algún momento se pegó al mío, se inflaba con lentitud, sus dedos estaban aún más fríos y yo sólo deje que él se desmayara en mis brazos. Sentí la horrible preocupación por otro ser que no fuera mi felina, evité entrar en desesperación y, quizás, entrar a llorar. El mayor no quería reaccionar ante mis suaves palmadas en la descolorada mejilla, susurré su nombre una y otra vez, la voz no quería salir. Nadie estaba para ayudar, de igual modo nadie lo hubiese hecho.

Lo abracé y apegué a mi cuerpo otra vez, escondí mi rostro entre su fino cabello. Omití el llanto pero mi pecho se apretaba. Yo no sabía si estaba enfermo o fue un simple desmayo, todo lo que sucedía me desesperaba. Musité en su oído, dejé que mi mano se posara en su cuello. Sentía como este retomaba su pulso a la normalidad lentamente. Me mantuve a la espera que él pidiera distancia y me observara indiferente por tal situación.

No tardo demasiado en abrir los ojos y soltar un suspiro cansado. Estaba inmóvil observándome con atención, llevó lentamente la mano a su tibia frente y sonrió un poco, estaba débil. De seguro esta no era la primera vez que sucedía.

—No quiero ser una carga, discúlpame —suspiró frustrado.
—Nada de eso, Ryutaro. —sonreí, me sentí aliviado por tenerlo ahí, dándome escusas baratas por lo sucedido.
—Pues eso parezco...
—Sólo fue un simple desmayo, ¿no?
—Mm... Sí. —dijo cortante.

Dime la verdad, por favor...

Torcí mis labios con disgusto, Ryutaro se percató y desvió su mirada. Daba a conocer que en realidad estaba enfermo, inhaló ahogadamente y luego exhaló. El frío viento alborotaba nuestro cabello. Él estaba listo para levantarse, un pequeño abdominal para simplemente sentarse en la banca sin fuerzas, rápidamente me incorporé y lo tomé en brazos. Era una escena ridícula, hasta pude notar como los mofletes de Ryutaro se tintaban de rosa.

—Oye, yo estoy bien. No es necesario este tipo de cosas. —risoteo bajo y movía sus piernas como leve pataleta.
—No. Si te dejo solo puedes caer. —opté por una actitud seria que en algún momento se rompería.
—Tatsuro no exageres... Bájame. —entrecerró los ojos.
—Primero opta por decirme la verdad o nada.
—Olvídalo. —decidió esconder su rostro en mi pecho.

Suspiré y caminé por el pequeño sendero vacío de aquella noche fría y otoñal. El tibio de su respiración me estremecía, jadee en algunas ocasiones lo más mínimo e inaudible posible. Entramos al edificio; no me sentía torpe como aquella vez que chocamos en este mismo lugar y casi lo empapé en groserías, tenía otra carga importante entre mis brazos, más liviano de lo que me esperé. Ryutaro se alejó de mi pecho y me observó, mi mirada se incorporó sobre la suya, sentía como me atraía y absorbía de manera inexplicable. Al momento que estaba decidido en besarle una inesperada voz me desconcertó.

—¡Ryutaro! —sólo fue cosa de minutos para que un chico de cabellos negros, más bajo que Ryutaro, interrumpiera y arruinara el momento.

Dejé que el mayor descendiera de mis brazos y cayera con suavidad, me mantuve como su apoyo en el pasillo desocupado de la recepción. Observó indiferente al chico, mientras que este le sonreía con gran deslumbro. Su cabello era corto y un mechón un tanto largo ocultaba su ojo izquierdo, la ropa ancha que era una camiseta con puntos negros, pantalón oscuro y botines negros. Debo admitir que le miré de reojo, me molestaba su presencia, en realidad me molestaba que Ryutaro hablara con el desconocido muchacho. Me ponía en una situación extraña y nueva, llamada... ¿Celos? Rodé mis ojos y refunfuñé para mis adentros.

—Kenken, podemos hablar en otra ocasión, ¿sí? No me siento bien. —se quejó.
—Lo ideal hablar ahora... —dijo desanimado, sus labios se tensaron en aquel instante.
—Por favor, ahora no.
—¿Me desechas así como así? —insistía. Las ganas de entrar en la conversación no me faltaban, sólo me mantuve al margen, de brazos cruzados y la cabeza agachada. El ánimo de ese tal Kenken me fastidiaba. El suspiro frustrado de Ryutaro hizo que sus brazos colgaran igual que si le hubiesen soltado sus hilos. La marioneta era libre en aquella instancia.
—Tatsuro, mañana hablamos. Estaré ocupado. —tambaleaba leve y Kenken lo agarró como si fuese una broma. Sonrió burlón, yo no otorgué palabra ante el par, simplemente dejé que se largaran en cosa de segundos.

Ryutaro era un ser bastante recatado de palabras e indefenso de algún modo; Kenken como el personaje que parecía ser realmente su apoyo a pesar del pésimo trato que el mayor le otorgaba, o quizás fue así sólo por esta vez, quien sabe lo que realmente son. En este momento me sentí despechado, otorgué un fragmento de mi ayuda y siento que fue totalmente desechada.

Caminé lo más rápido posible hasta el ascensor, me dispuse a esperarlo y entré, pensé demasiadas cosas que me parecían fastidiosas, me deprimían de algún modo y más de una vez suspiré. El piso 11 ya estaba a mi paso, en una caminata desaliñada y poco consecuente me aproxime a la entrada de mi aburrido departamento. Abrí la puerta y no quise dedicar mirada alguna a la puerta de al frente. Teto estaba recostada en mi cama, parecía estar dormida pero me esperaba, no quiso molestarme, sabía que esta vez no me sentía bien y lo único que haría en ese momento sería despojarme de mis ropas y darme un baño. Así fue, retiré cada prenda y deje que el agua corriera incansablemente, estaba tibia y eso relajó mi cuerpo, mi cabello se humedecía en su totalidad, apliqué el shampoo y observé como la espuma huía por la rejilla del desagüe. Me sentía frustrado por las cosas que mi mente creaba, sentimientos que siempre habían estado presentes y en ese momento ninguno se presencio. Aún sentía como mis labios quemaban en los suyos, extrañaba esa sensación. La escena de cuando el mayor se soltaba del beso estaba creándose en mi cabeza y la evité a toda costa, apreté los ojos con fuerza y suspiré pesado. Apliqué el acondicionador y de igual manera dejé que todo cayera mientras frotaba mi cuerpo con fragmentos de jabón líquido que huía junto el agua por mis dedos, la espuma se formaba, deslizaba mi piel y escapaba rápidamente. Quedé bajo el agua por largo rato con la cabeza agachada y los ojos cerrados, me sentía castigado por mis pensamientos ficticios y reales.

Salí, me vestí con camiseta y ropa interior. Un dolor de cabeza me atacó al salir del baño y a rastras llevé la ropa al cesto. Sacudí mi cabello y el agua que desprendía empapaba mi espalda y pecho, lo ignoré por completo y caí tendido junto a mi felina compañera. Me observaba nostálgica y lo único que hizo por mí fue maullar bajo y acurrucarse en mi pecho. Seguía sintiendo ese vacío, nuevamente la indiferencia que esta vez me dañaba...

No sé que pasa por mi cabeza en esa ocasión...