13 de diciembre de 2012

「遅い」 • 5 •

Algún día te diré la verdad.

Contemplé al chico de cabellos oscuros por arduo rato, él me hablaba sobre de que algo en mi vida empeoraba y que debía distanciarme de algunas personas. Realmente no le presté atención, luego me mantuve observando un punto fijo del suelo, pensaba en otras cosas; Kuro, quien estaba en mis brazos, maullaba y en sólo segundos se fue indignado porque no le tomé en cuenta. Mis fuerzas no eran suficientes para alcanzar al felino, extendí suavemente mis dedos sin alcanzar nada, descendí la mirada y la voz del inspirado muchacho era lejana en muchos sentidos.

En ese instante estábamos los dos solos en ese pequeño departamento, el gato ya estaba metido en sus mantas, no quería saber nada, me representaba en aquel momento. Kenken tocó mi hombro y fluí lentamente mi mirada hacia él, ladee la cabeza y contemplé que el chico me observaba triste, no sabía el por qué de las cosas pero me reflejé en sus cristalinos ojos, yo estaba con mis labios fruncidos, desinteresado de todo.

—No puedes estar con él. —retiró su mano y la tomé firme, no sé de donde saqué fuerzas ni mucho menos toda la agilidad para hacerlo.
—¿De qué estás hablando?  —alcé una ceja y evité sonar sorprendido.
¿Qué tipo de relación tienes con el chico ese?
—Hablas de Tatsuro... —moví suavemente mi cabeza negando leve, mi mirada volvió al piso y sentía el pequeño ardor en mis mejillas, por suerte no era notorio.
—¿Tatsuro? Que nombre más curioso. —evitó reír, me molestaba cuando optaba por esa actitud seria. Ahora, responde Ryutaro. 
—No tengo más que una relación de amistad. —entreabrí la boca y cerré un poco los ojos, me dediqué a recorrer mis carnosos labios con el dedo índice, el beso quemaba, persistía y suspiré recordando todo.
—¿No ocultas nada más? —él se dio cuenta de mi reacción ante su pregunta, de eso estaba totalmente seguro.
—No, Kenken. ¿Venías sólo para eso? —dije agotado.
—No, Ryutaro —alzó su ceja y lo solté del agarre, apoyó sus manos empuñadas en los muslos y se inclinó casi sobre mi rostro, lo observé fijamente, sin respirar pesado. —También vengo para decirte que tu enfermedad va de mal en peor. —bufó.
—¿Y eso qué? —refunfuñé y tensé mis labios en disgusto.
—No puedes tener alguna relación con alguien, menos con él. —se levantó y me observaba indignado. 
—¿Dije algo malo? —sonreí ladino. 
—¿Quieres preocupar a Tatsuro y que se aleje de ti? Anda y dile lo que tienes. Si no lo haces, lo haré yo. —dijo molesto, —Por cierto, vi como se besaban y bien que te ayudó. ¿Le agradeciste por aquel acto? —ladeó el rostro y desvió la mirada —Estás tan diferente Ryutaro, él te dejó horriblemente mal. Ojalá este muchacho sirva de algo, ya que para ti todos son partidarios de tu juego, de tu amado circo, me incluyo entre ellos. —entreabrí mis labios para retractarme ante las barbaridades de Kenken y rápidamente me interrumpió: —Buenas noches. —volteó y deslizó su mano por la manilla, saliendo rápidamente de la habitación seguido de un portazo.

Un portazo que calló toda clase de palabras que podían haber salido de mi boca y Kuro me observaba perplejo, estaba espantado por gran estruendo y lentamente se fue acomodando en el frío piso.

—Un circo dices tú... —susurré y recosté mi cuerpo en el suelo, observando al felino que estaba ahí contemplándome en su totalidad. —Soy el dueño de un circo, Kuro. Eso me hace feliz. —reí nostálgico y las lágrimas iban a caer, rechacé a cada una de ellas y apreté mis ojos. —Nada de eso, el dueño no se rinde jamás.

Musité palabras que hasta para mi fueron inaudibles, creo que era el fragmento de alguna canción, cada vez mi voz se quebraba más, la garganta se secaba poco a poco y el insomnio se apoderaba de mi. ¿Y él dónde estará? ¿Tendido en su cama odiándome por no haber dicho que tenía?

¿Por qué me siento culpable por estás cosas tan pequeñas?

—Ryutaro. —golpearon la puerta un par de veces, el silencio que estaba en aquel lugar hacía que este sonara claro y fuerte. La voz varonil, que en aquel momento no reconocí, me puso la piel de gallina. Me inmuté a abrir la puerta. —Ryutaro, abre. —otro par de golpes y posé mi mirada en la entrada, poco a poco reconocía esa voz...

Con mucho cuidado me levanté y de igual manera caminé y abrí la puerta. Estaba él, su cabello húmedo y con leves ondulaciones, sus ojos agotados estaban fijos en el cuadro de la entrada, me declaraba tristeza. Aquella situación me incomodaba.

—Pensé lo peor, agradezco que estés mejor.
—Gracias por ayudarme anteriormente... —lo recordé y sonreí ladino.
—Nada que agradecer. —jamás posó su calurosa mirada en mí, me estaba sintiendo vacío. Una sensación extraña se apoderaba de mi pecho otra vez. —Entonces nada de que me deba... Preocupar... —calló apenas lo jalé a mi cuerpo, enrollé mis brazos en su cuello y lo besé con suavidad, él me aceptó casi con una sonrisa, nuestras lenguas se entrelazaban y nuevamente esa conexión, aquellas emociones y sentimientos que quizás ambos estábamos dando por perdido volvían a unirse, a ser uno.

Retrocedí con precaución y este me siguió, cerrando la puerta detrás. Acarició de mis costados con lentitud y fuerza, aquella sensación me atrapaba. Un suspiro ahogado escapó de mi boca y el beso se detuvo por unos segundos, jadeo recuperando el aire que rápidamente habíamos acabado, no duró demasiado cuando me tomó y recostó en la cama. Kuro tomó rumbo y escapó quien sabe dónde.

—Tú debes descansar. —una risa suave y burlona nacía de él, me causó escalofríos y acaricié su nuca.
—Nada de eso, Tatsuro... —susurré y jalé de su holgada camiseta. Lo posicioné sobre mi cuerpo y este apoyó sus manos a los costados de mi cabeza, enrollando de sus finos dedos en mi cabello, lo jalaba suavemente y me volvía a besar, esta vez con más deseo.

Deje que mi cuerpo fuera totalmente manipulado por cada uno de los hilos que sostenía Tatsuro en sus manos. Recorrió mi cuerpo cuantas veces quiso, dejó besos cuantas veces era necesario, acudió a mi ser como sólo él sabía hacerlo, con cuidado y ternura, me llevaba. Muchas veces jalé el cabello de este ya que estaba en mi rostro, las puntas me acariciaban los mofletes mientras yo permanecía con los ojos cerrados disfrutando de cada momento otorgado.

Olvide en su totalidad lo que debía decirle a Tatsuro, lo tan importante que debía contarle para que no siguiera rencoroso por la actitud de Kenken y el haberle mentido sobre que era un simple desmayo. Debe haber notado que mi enfermedad es relacionada con mi corazón pero él espera a que se lo diga, a que confíe en aquel humano que cada día me sorprende más, aquel ser que estremece mi piel con su simple tacto.

—Te ves hermoso desde esta perspectiva, Taro. —sonrió travieso y besó mi frente. 

No estimulé palabra alguna entre pequeños jadeos. Se liberó en mi interior y cayó tendido. Ambos cuerpos agitados. Disfruté del delicioso aroma que expulsaba el cabello de Tatsuro y poco a poco mis ojos se cerraban al mismo tiempo que los suyos, el sueño y cansancio se apoderaba, hasta la mañana siguiente.

El hilo rojo jamás se romperá. Aunque nos separemos, seguirá tan unido como siempre.