1 de diciembre de 2012

「遅い」 • 1 •


Los días pasaban, eran interminables pero nada me importaba en ese instante, sólo quería verlo de nuevo y susurrar cada palabra linda a su oído. Era cotidiano, verlo diariamente me hacía feliz, su estadía en aquel edificio, aquel departamento, frente a mi puerta. En realidad, yo jamás le he susurrado en su oído, ni mucho menos le he hablado pero me hacía feliz saber que cuando me veía salir y él estaba a punto de cerrar la puerta, me observaba de reojo y la indiferencia en su mirada me llenaba.

Esa actitud tuya, tan indiferente, me encanta...

Este personaje, sin mucho movimiento en su departamento, siempre me llamó la atención. Desde que llegó tenía una actitud totalmente extraña, sus movimientos lentos y pausados, su mirada inexpresiva y su holgado atuendo, me recordaban a mí, pero más bajo, de cabello corto, negro y más fino, su piel como porcelana y totalmente introvertido. En minutos, un gato se asomó entre sus brazos, su chamarra negra no me había dejado ver aquel curioso animal de igual color, tenía la misma mirada que él, sólo que con los ojos bien despiertos.

Tomé a la gata entre mis delgados brazos y salí al pasillo del edificio, el piso 11. Me animé a caminar hasta la pequeña plaza del ya mencionado lugar. Tranquilamente caminé por aquel recinto y bajé por las escaleras. Un suspiro cansado, la mirada extraviada en algún punto inexistente, un extenso ronroneo de la gata mientras acariciaba de su lomo. Por un momento pensé que tropezaría torpemente, así que volví a la normalidad y sin darme cuenta ya estaba en el primer piso apunto de salir del sitio e ir a mi destino. Dejé que el pequeño animal descendiera de mis brazos y luego sentarme junto a esta, observábamos perezosamente a los niños jugar por todos lados, algunos arrimados en los columpios mientras que otros peleaban por sus juguetes, se veían realmente adorables pero mi rostro sólo expresaba una nostalgia que ni con mil baldes de agua desaparecería. Algunas personas me observaban por mis enormes lentes redondos, sentado en una banca junto a un personaje tan flojo como mi ser, una cabellera larga y las puntas rojas, un atuendo oscuro pero fresco y los labios parejos en seriedad perfecta.

Luego de un rato, el Sol bajó al igual que mi mirada, unas graciosas chancletas negras de un taco bastante cómodo estaban frente a mi, omití reír pero la blancura que representaba ese ser me causaba escalofríos, ¿acaso era él? Alcé mi vista y estaba en lo correcto. Alzó su ceja, curvó sus labios, estaba cruzado de brazos observándome.

—¿Hola? —fue lo más simple que pude articular con mi masculina voz.

No dijo palabra alguna, simplemente se hizo un pequeño espacio y se sentó a mi lado, a pesar de verse muy confiado, su cuerpo se estremecía leve, una vibración que se traspasó en mi ser, mordí mi labio inferior disimuladamente y miré hacia donde estaba ubicado mi preciada mascota, para mi mala suerte ya no estaba. No sabía si preocuparme e ir a buscarla o quedarme ahí para aprovechar el momento con aquel anhelado desconocido; de seguro Teto, el nombre de la gata, se fue a la recepción, siempre lo ha hecho se acuesta en el mesón junto al conserje y este le hace mimos, ya me acostumbre; estaba nervioso. Volví mi mirada hacia aquel chico de contextura delgada y seguía ahí, con una mirada profunda, sus ojos oscuros me envolvían y, de impulso, un suspiro se escapó de mis finos labios.

Me siento totalmente un idiota cuando estás a mi lado.

 —¿Haz visto a Kuro? —su tranquila y casi femenina voz me consumía. Su tono de preocupación era notorio; no debía estar nervioso sólo preguntaba por...
—¿Quién demonios es Kuro? —dije sin más. Pensé en voz alta y él me miró con ojos sorprendidos, su expresión se volvió serena a pesar de mi horrible pregunta.
—Mi gato negro. Debes de saberlo. —susurró casi para sus adentros.

El gato, ¿cómo olvidar de ese gato? Tiene la suerte de estar siempre en sus brazos.

—De seguro debe estar en la recepción, junto al conserje y Teto. —dejé nacer una sonrisa ladina.
—Gracias. —se puso de pie y lo observé retirarse de aquel momento.

Me sentí un idiota por dejarle ir tan luego, rápidamente me levanté con decisión, pero no iba tras de él sólo iba a buscar a Teto.

Mentira, yo iba tras de ti, siempre...

Caminé rápido por el tranquilo sendero sin niños traviesos con los cuales pudiese tropezar, yo estaba algo así como si alguien estuviese esperando por mi hace horas y yo le hubiese olvidado completamente por aquel suceso anterior, ¿cómo me pueden exaltar demasiado? Tanto me cuestioné en el camino que ya estaba en la recepción, Teto estaba en el mesón del conserje y en ese instante el chico de cabellos cortos también, sonriendo como un infante mientras cogía aquel gato con sumo cuidado, el conserje, un hombre de avanzada edad de muy buen trato, me contempló apenas entré al lugar, de igual manera el curioso muchacho lo hizo y desvió su mirada rápidamente. Me exalté un poco pero intenté disimular, posé los lentes sobre mi cabeza mientras daba algunos pasos hacia el mesón sólo para tomar a mi gata e irme.

—Tenías razón, estaba aquí. —rápidamente el chico se incorporó; su tono aliviado me cautivaba.
—Tatsuro siempre sabe dónde vienen los gatos luego de escaparse, Ryutaro. —luego el mayor con una amplia sonrisa hacia ambos.

Me será imposible olvidar tu nombre, Ryutaro.

—Así es. —me agregué a la conversación; tomé a Teto con suavidad y lo acurruqué entre mis brazos. —Hay veces que este mesón lo verás con más de seis gatos y él atento a todos estos... Demasiada paciencia. —susurré, casi como si contara una aventura, quería evitar estar nervioso pero cada vez hablaba más rápido. Ryutaro observa y escuchaba atento, como cual niño fuese, eso lo volvía aún más encantador. Era totalmente adictivo.
—No exageres, Tatsuro —el más viejo soltó una risotada simpática. Fue inevitable no acompañarle y por lo que noté, el excéntrico compañero también, ocultando de su risita con el dorso de la mano. Kuro y Teto sólo movían de sus colas y se mantenían tranquilos, casi dormidos.
—Bien, ya es tarde. —admiré el reloj de la entrada, ni siquiera era tarde, sólo quería salir de esa situación tan estupendamente incómoda.
—Descansen muchachos, mi turno a terminado. —asintió leve el mayor y ordenó sus cosas.

Sabía que el menor, supongo, me contemplaba, me ponía realmente nervioso, ¿dónde quedó la indiferencia del principio? Mi compañero iba a decir unas palabras, sólo entreabrió sus labios y soltó un suspiro, me decepcioné por un instante y emprendí el paso hasta el ascensor, esta vez no tenía ganas de arrimarme a las escaleras. Ryutaro se mantuvo en su lugar por un instante luego me siguió. Apenas las puertas del ascensor se abrieron, ambos entramos y nuestros cuerpos lograron tener un leve roce. Descuidé mi mirada y la posé en la suya por arduo rato. Las puertas se cerraron. De seguro mi corazón latía rápido. Desvió su mirada y ocultó de esta con su flequillo oscuro. Su gato se mantuvo tan manso como el mío en nuestros brazos, me hubiese encantado estar como Kuro. Negué con la cabeza, estaba soñando despierto. Una campanilla sonó en una simple ocasión y ambos descendimos, caminamos en la misma dirección, pausados como si nadie nos apurara, di una mirada rápida hacia mi compañero y detuve mi paso al mismo tiempo que él. ¿Qué sigue?

—Hasta luego, Tatsuro. Descansa. —posó su mano en mi hombro, el flequillo seguía cubriendo de esos ojos profundos. Retiró su mano y buscó de las llaves.
—Igualmente, Ryutaro. —tragué todo el nerviosismo y rápidamente abrí la puerta con mi única llave, entré y al levantar mi vista Ryutaro sonreía de una manera tan... Especial y hermosa.

Yo sé que tú me ocultas tantas cosas, pero siempre estaré esperando a que algún día me las dirás.