20 de marzo de 2013

「遅い」 • 7 •

Toda esta situación me está matando.

Luego de que el menor se retirara yo no podía pensar en otra cosa más de que yo era el culpable, siendo que era otro, siendo que mi idiotez referente a ser tan infantil haya perjudicado tanto a aquel receptor. No lo puedo tolerar, no lo soporto. Lo que mejor pude hacer referente a mi desastre fue quedarme estático, sin reprimir la ida ajena y mirar el techo como si nadie más estuviese en aquella aula, sentía que mi cuerpo se debilitaba, necesitaba de él pero no me había dado cuenta antes. Mi respiración estaba pausada, tenía miedo, otra vez,  porque mi vista se nublaba, si me dejaba estar un poco más, las lágrimas se desbordarían y no estaría aquel ser indicado para limpiarlas. En realidad todo se volvió bastante complicado, y eso me hacía realmente infeliz. Me siento peor que nunca, perdóname.

Luego de estar fijo en el blanco color del techo, escuché la presencia ajena, lo había olvidado completamente, estaba tan ido en mis pensamientos; me incorporé al ambiente, di unos cuantos pasos para quedar frente al menor y contemplarlo. Él tenía los labios tensos y el ceño fruncido, aún así no le despegué la mirada con total indiferencia. Yo no me sentía mal por él, él en realidad siempre me ha dado lo mismo. Kenken es un niño mimado como yo, y yo no le doy en el gusto a nadie, pero sí tengo una excepción, pero creo que la perdí...

—¿Algo más para agregar y ser la guinda de la torta? —Dijo con insolencia el menor, enarqué un poco mis entrecejo, suspiré pesadamente y desvié la mirada.
—Tú tienes la culpa. —Murmuré y bajé la mirada, contemplé mis pies y no moví ni un musculo más. Tenía nuevamente el cuerpo medio inclinado, con la apariencia de una marioneta. Una vieja marioneta dañada.
—¿Yo? ¡Sólo digo la verdad Ryuutaro! Acepta de una maldita vez que él no es para ti. —La socarrona e irrespetuosa voz ajena me estaba sacando de quicio pero aún así, como siempre, me mantuve tranquilo, al tanto de todo mi alrededor sin necesidad de observarlo.
—¿La verdad? —Formulé ese par de palabras en un hilo de voz. —¿Qué sabes tú de lo que es bueno o malo para mí? —Mi semblante se volvió amenazador, pero mi actitud no lo demostraba de ningún modo. Por ello, el menor tomó eso como una broma, y una sutil risa se escapó de sus labios.

Kenken caminó por la sala de estar y se aproximo al sofá más cercano, y como quien estuviese en su casa, se sentó de manera desarmada, pero sin olvidar de cruzar sus piernas apoyando el tobillo en la rodilla. Todo esto lo contemplé desde mi lugar y poco a poco volví a agregarme al ambiente, enderecé mi cuerpo y, por inercia, mi vista se fijó en la puerta cerrada, como si quisiera ver más a través de ella, pero todos sabemos que eso es imposible para un ser humano corriente como yo. Luego voltee la vista hacia él y lo contemplé, en silencio. Un silencio que parecía inquebrantable hasta que el más bajo habló.

—Porque te conozco de hace mucho tiempo, además, ahora mismo sé que estás débil, mucho más pálido de lo normal. Si te desmayas o te da ese ataque, no te ayudaré. Que lo haga Tatsuro. ¿No es a él a quien tanto esperas? —Alzó una ceja. Kenken estaba realmente molesto y su timbre de voz no me engañaba, aunque usara esas palabras tan burlonas, era demasiado obvio.

Quedé pasmado luego de escuchar su nombre y saber que él no estaba ahí, una tristeza se apoderó de mi rostro, rápidamente lo convertí en indiferencia, aunque me costaba de sobremanera, lo logré. Imágenes fugaces pasaron por mi cabeza recordando lo de anoche, donde aquel ser fue totalmente delicado, donde su fuerte carácter se había convertido en el más meloso.

—¿Qué quieres lograr con todo esto? —Fui directo al grano, ya tuve suficiente de escuchar al contrario diciendo diferentes cosas para desviarse del tema.
—¿Es que no te das cuenta? —Torció sus labios con indiferencia, y enarcó la ceja.

Tomé silencio. Lo hacía ahora o nunca. Me acerqué a la cama sin responder al susodicho, agarré mi pantalón que yacía en el suelo y lo sacudí, empezando a vestir con éste rápidamente. Él se levantó de su lugar con gran sobresalto para chillar:

—¡Ni se te ocurra salir de acá! ¿Vas por él cierto? ¡Vas por Tatsuro! —Caminó hasta mi y como si una inspiración le azotara el cuerpo, me agarró de la playera, sacudiendo mi cuerpo con violencia. Me sorprendió, puesto que jamás le había visto tan molesto, él no era así, nunca era así.
—Suéltame... —Susurré y fruncí mis labios, terminando de subir la prenda, y éste me observó aún más exaltado; como si de una marioneta se tratara soltó los hilos, mi playera, y me proporcionó un fuerte empujón de palma completa para tirarme al piso, luego se dejó caer apoyando sus rodillas, me contempló con molestia y en un rápido impulso volvió a tomarme, alzando mi torso hacia el suyo.
—¿No te das cuenta? —Repitió la pregunta, su voz sonaba tan vacía y a la vez muy irritada.

Lo empujé de tal cercanía y me soltó, estaba tan débil como yo. Claro que sabía muy bien de qué hablaba y no me interesaba en lo absoluto. Me levanté lentamente, Kenken se sentó en la cama y su mirada me llamaba, me decía que no me moviera de ahí, pero yo no obedecí, no soy su marioneta, los hilos los manipula otro dueño y con él debo arreglar todo. Caminé hasta la puerta y los rasguños de un animal me desconcertaron, provenían del otro lado, abrí y Kuro estaba ahí, mirándome con sus enormes ojos, pero estaba triste. Kenken refunfuñó, dijo cantidad de groserías que no pienso recitar porque no me interesan. Dejé que el gato se subiera a mis brazos y en una caminata pausada salí, cerré la puerta con un gran portazo. Me quedé junto a la puerta en la espera de algún movimiento ajeno, pero al pasar de los minutos, el desesperado de Kenken jamás salió. Un tranquilo suspiro nació de mis labios y miré la puerta de al frente, un escalofrío me recorrió y mil preguntas pasaron por mi cabeza.

De verdad tengo tanto miedo, miedo de perderte. 

Poco a poco me voy desvaneciendo... 

Mi vista se nubló por un momento y un fuerte dolor de cabeza me atacó, posé mi palma en la sien mientras mis dedos se entrecruzaban con el cabello, suspiré y luego apoyé de la misma mano en la puerta con suavidad. Todavía no estaba seguro.

¿Será un error...?

Kuro se acomodaba en mi brazo, se acurrucó en mi pecho, mi lento y poco animado pecho, mi respiración estaba realmente lenta, el miedo me acechaba. Empuñé la mano y di unos suaves golpes. No esperé respuesta. Pasaban los minutos y nada. Me sentí inspirado a emprender marcha a cualquier lugar, y pensar. Al momento que desvié la mirada, Teto estaba sentada junto a la escalera. Ella me miró y luego empezó a bajar, sin dudarlo le seguí; la gata bajaba cada vez más rápido y Kuro se bajó de mis brazos para seguirla, y así mismo yo también a ambos felinos, me llevaron hasta el parque. Me preocupaba el comportamiento de la más baja y sin tomar en cuenta, choqué con un cuerpo, el dolor fue más arduo y me mantuve con los ojos cerrados y muy apretados, quejándome, abrí levemente uno y contemplé el suelo, unas zapatillas que se me hacían conocidas, en especial por la talla de calzado. Un escalofrío sacudió mi cuerpo y alcé la vista temeroso, era él. Sí, era Tatsuro, apenas divisé que me estaba contemplando con sus labios torcidos en una mueca triste. Sentí como mis lágrimas iban a caer, pero soporté. Él sólo se espabiló a dar unos pasos atrás como para dejar mi camino libre, eso lo encontré realmente doloroso...

¿De verdad me dejarás ir?

Eres libre de hacer lo que desees. De todos modos, sólo somos simples conocidos que tuvieron un extraño romanticismo.—dijo Tatsuro, sonaba tenso y poco amable, era tosco y eso dolía, sus palabras me estaban clavando.
—Tatsuro... —me inmuté a susurrar con las lágrimas apunto de acudir.— ¿Por qué me dices semejante... cosa?
—Ya he dicho. —su voz era un filo que me cortó perfectamente, esa era aquella voz a la cual tanto temía y apareció.— No exageres, no pierdes nada.
—¿Exagerar? —susurré y negué, caminé un poco hasta una banca que se hallaba a algunos pasos de mí, me tumbé en esta, sentía que pronto me iba a desmayar. —Tatsuro, no puedes decir eso...
—¿Por qué no?
—Porque... yo te amo, no te quiero lejos de mí. ¿O acaso piensas que tengo algo con Kenken? ¿Qué piensas? Me gustaría saber que pasa por tu cabeza. Siento que tienes tantas ideas en mente y la mayoría son erróneas. —musité en un hilo de voz desgarrador, suspiré y me tranquilicé un poco, cerrando los ojos. Escuchaba como el menor caminaba hasta mí, se sentaba a mi lado y tomaba distancia, una distancia enorme, aún más que la actual.
—¿Qué pienso? —Alzó una ceja y luego desvió la mirada hacia el oscuro sendero, contempló a los gatos junto a mi, estaban ahí, jugando en el césped, eran felices pero en cambio nosotros no... Volví a espabilarme y tomé en cuenta que el mayor hablaba. —¿Amarme? No puedo negar que te amo. No puedo negar que es de hace tanto tiempo. Pero me saca de quicio esta situación y pienso dejarla atrás. Es una decisión que ya tomé. Como buen cobarde... Deberías odiarme, no amarme. ¡Odiarme! —gritó y eso provocó que las lágrimas cayeran, mi rostro descendiera y mirara el borde de la banca como un niño regañado. Aquellas lágrimas bajaban sin parar, eran lentas y me quemaban a su paso.
—¿Odiarte? No podría, no soy capaz... —musité a duras penas y él sin dudarlo me interrumpió mientras carraspeaba su voz, se notaba que no le gustaba verme así. La situación empeoraba.
—Si puedes. —se levantó sin aviso alguno, la camiseta con terminaciones en punta se movió de una manera tan graciosa y hermosa a la vez, esos movimientos tan salvajes y suaves me encantaban. —Así como puedes amarme, lograrás odiarme. —le miré por entre mis pestañas, una sonrisa nostálgica se formaba en los delgados labios contrarios, deseaba callarlo.

Negué desviando la mirada. Tatsuro estaba frente a mi, de pie, temblaba, lo sentía tan bien, el viento resoplaba suavemente sus largos cabellos, mientras los míos con suerte eran tocados, me sentía olvidado por todo, y también por él. Un suspiro escapó de mis carnosos labios, pasaron casi quince o veinte minutos, él no hablo, sólo se mantuvo ahí. En aquel momento pensé que su decisión cesaba, Tatsuro no me dejaría así de fácil o eso pensé. Cuando me sentí decidido a hablar, el contrario me interrumpió con su impulsivo vozarrón.

—Ryuutaro... —Musitó con dulzura y voz quebrada; escuché los huesos de sus rodillas cuando se agachó frente a mí, llevó sus largos y finos dedos bajo mi mentón y alzó leve mi rostro. Temblaba ante su tacto. Se había vuelto más frío y suave que la última vez. —¿Para qué quieres saber lo que pienso cuando eres tú quien pasa todo el día en mi cabeza? Sólo verás tontas ideas de un futuro incierto. ¿Sabes? Odio esta sensación, y yo sé que tú igual. Te amo, lo sabes, lo sé pero... —Sin dudarlo dos veces, me alcé y abracé su cuello con mis delgados y débiles brazos, le callé con mi desesperada boca, le besé con tal confianza y rabia, las lágrimas brotaban incansablemente y los labios ajenos se entreabrieron contra los míos; aquel tibio sentimiento volvía y sentía que me fundía cada vez más. Sería el último beso o quizás no, quizás sea el último y más eterno de todos.

Sus manos quedaron aisladas de mi cuerpo, se mantuvo quieto y correspondiendo a ojos cerrados, esa actitud indefensa a pesar de su fuerte carácter. Sigue siendo realmente frágil, quizás tanto como yo, pero jamás vi una lágrima desbordar de aquellos pequeños y rasgados ojos.

Separó con suavidad su cuerpo del mío, un empujón leve, no le faltaba el aire pero a mi sí, mis lágrimas cesaron pero al momento que su mirada se desvió rápidamente con tal seriedad sentía que otra vez se iban a desbordar, pero no iba a permitir que eso volviera a suceder.

—Tatsuro —susurré y carraspee un poco, —¿qué quieres en realidad? ¿Irte? ¿Odiarme? Ya no quieres saber más de mí pero con las cosas que dices pienso que no estás realmente seguro... —mis palabras cesaron, ni siquiera me di el tiempo de pensar antes de hablar.
—Odiar... Eso deberías hacerlo tú por lo que pienso hacer. Y ya no se hablará más. —Se levantó y sacudió aquel pantalón de bombacho negro. Ni siquiera se dignó a mirarme de reojo, nada. Suspiró cansado, agotado, casi deprimido y negó un poco— Irme es lo mejor que puedo hacer, así te dejo tranquilo junto a él. Encajáis mejor.
—¡No puedo creer que todo esto sea por culpa de un mal entendido! —me levanté de la banca, me puse frente a él y todo el mareo y dolor de cabeza desapareció. Mis brazos se mantuvieron tranquilos pero rápidamente los alcé en un suave ademán de molestia. —¡Tatsuro, entiende que te amo! ¡No quiero que te vayas! —a pesar de que se tratase casi de una súplica hecha un grito, mi voz se desvaneció al instante a una ligera y dolorosa.

El más alto se sorprendió por el cambio de actitud tan drástica, frunció sus labios y negó, dando un paso atrás. Teto y Kuro se acomodaron en la banca, recostados y con la mirada intimidada por la situación, les miré en aquel momento con total lástima.

Decisiones... Suelo aceptarlas pero esta me es realmente difícil.

Lo entiendo perfectamente. —sonrió ladino y divertido, desvió totalmente su mirada hacia los gatos y suspiró. —Tomo pésimas decisiones, lo sé... Pero creo que es lo mejor. De todos modos, no habría funcionado. —rió un poco, sonaba tan dramático que me estaba empezando a hartar, se dio cuenta y alzó la vista de manera felina, fijándola en mí. —Pésimo momento para intentar hacer una broma.
—Terrible. —dije cortante.
—Ah... Mañana estará todo solucionado...
—¡Vete ya! —chillé por fin, ya tuve suficiente. —¿Estás jugando? No es momento.
—Será mejor qué... —Tatsuro ni siquiera alcanzó a terminar su frase cuando Kenken ya estaba a pasos feroces cerca de nosotros y totalmente molesto por el hecho de que estuviésemos juntos, entablando una desgarradora conversación. Él siempre llega en el peor momento.
—Te irás conmigo. —interrumpió el pelinegro y luego fijó la vista hacia el más alto. —¿No te irás? Porque nosotros sí. Ryuutaro no te ha contado nada. Pero a pesar de todo, él es totalmente mío. —Sonrió divertido al ver el frívolo rostro de Tatsuro, me daba miedo su expresión, era tan vacío pero a la vez lleno de curiosidad. Di dos pasos atrás y bajé la mirada.— Tatsuro, lo lamento, pero él no es para ti. Ryuutaro está enfermo, y tiene un pésimo pasado, es algo que jamás aceptarás pero yo sí. —Kenken cogió mi muñeca y, como un trapo, me jaló a su cuerpo. Mantuve el silencio, me sentía totalmente culpable.

¿Qué estás pensando...?

El mareo volvía a atacar, mi mirada estaba desvaneciéndose pero como pude mantuve total silencio. Sólo estaba esperando que él hablara, ya tenía suficiente escuchando a Kenken. Kuro se acomodó en mis pies, y tomó en cuenta de mi estado, mantuvo su semblante felino bastante intranquilo, pero aún así ninguno de los dos lo tomó en cuenta. Finalmente, Tatsuro rompió aquel intrigante y arduo silencio.

Hablas de mí como si lo supieras todo. No dejas de ser un niñato para alguien como él. —frunció sus labios y negó, las puntas de su cabello cesaron de igual manera acompañando aquella suave acción. —¿Y por qué estás tan seguro de que es totalmente tuyo? Ryuutaro no es un objeto. —ladeó el rostro y una sonrisa socarrona se pintó en su rostro. Yo sólo le contemplaba de reojo y entre las pestañas. 
No te diré el porque. —dijo regañadientes, como un crío, y rápidamente posó la mirada en mí— Será mejor que nos vayamos luego. Yo me encargo del resto. —susurró y me dio un pequeño empujón para que caminara fuera del lugar.
—No pienso lidiar con esto de nuevo, ni nunca más. —arregló su mechón de cabello y dejó que Teto avanzara primero para ya querer abandonar aquel agobiante sitio.
—Tatsuro... —al fin hablé, mi voz era tenue y tan baja que ninguno de los dos la percibió. Kuro se arrimó a mis brazos e intenté animarme por ello, pero mi mirada estaba tan perpleja observando cómo este se retiraba a un paso decidido y rápido, que las lágrimas cayeron sin previo aviso, bajé el rostro y sollocé, dejándome guiar por Kenken.

No me dejes, por favor...

Caminé por todo aquel sendero abrazado a Kuro, él sólo ronroneaba en pocas ocasiones, era como si llorara conmigo, pero en un silencio mutuo. Mientras Kenken me seguía desde atrás. Llegamos hasta el coche, hacía mucho tiempo que no veía aquel carro negro. El menor aún seguía asistiendo a ese lugar y yo hice todo para alejarme, pero fallé. Ahora, quizás, cuál será el castigo que recibiré por ello. ¿Me matarán? No, no creo que lleguen a demasiado. Era una red bastante complicada, ellos no me la dejarán fácil, de eso estoy seguro. Accedí a subirme en la parte trasera del vehículo, no tenía ningún interés en entablar conversación con el menor.  No tenía ganas de volver...


Tatsuro, ¿por qué no viniste tras de mí? ¿Por qué no me salvaste?

Tantas preguntas pasaban por mi cabeza mientras miraba por la ventanilla; casas, edificios, árboles y personas. Era una escena lenta, el vehículo avanzaba a gran velocidad por la autopista, lo único que veía eran autos y algunos edificios. Mi vista seguía desvaneciéndose, como quien se fuese a morir pronto, sentía mi pulso tan lento, tan pausado, sentía como todo era moribundo. Apenas escuchaba el ronroneo de Kuro, estaba preocupado. Kenken, en cambio, seguía manejando con una sonrisa tan socarrona y pequeña que apenas podía divisar por el espejo retrovisor, era asqueroso saber que nuevamente todo volvía ser como antes. Las lágrimas estaban secas en mis mejillas y lo único que recordaba con gran pasión y vivacidad era la deslumbrante sonrisa de él. Suspiré una, dos, tres veces, el aire me faltaba, apenas podía respirar. Mi cuerpo no respondía del todo bien y sabía que estaba a punto de caer nuevamente en aquel sueño que duraría por horas o tal vez días o quizás la eternidad.

El hilo rojo, poco a poco desaparecía. Es el adiós definitivo.

15 de febrero de 2013

— P a i n

Ese maldito vacío, lo llevo sufriendo por tanto tiempo, lo había olvidado totalmente y en menos de una semana ha vuelto...

Indescriptible dolor...

No quiero nada ni conmigo misma.

30 de enero de 2013

「Silenced by the night」

Él siempre ha dicho que soy algo así como un ser hecho de porcelana fina con dedicación y mucha inspiración, en realidad sólo soy otro ser más, no soy un humano, soy algo mejor que esa patética raza. Él es humano, él me enamoró siendo un mugroso humano más. Podría destacar que aquel ser entregaba muy bien sus sentimientos, aunque la mayor parte del tiempo siempre tenía dibujada una sonrisa en el rostro que era realmente envidiable para un ser tan amargado como yo. En realidad, sólo quiero recordar como sucedió todo, como empezó todo esto que tenemos entablado. Lo haré de la manera más recatada posible, intentaré no dejar pasar por alto ningún detalle y además sabrán lo que en realidad soy.

{ . . . }


23 de Enero, 1997

   No llevo mucho tiempo viviendo en éste pueblo alejado de todo lo que le podéis llamar capital, es un lindo lugar, el ambiente es suave, fresco; el mar te acaricia el rostro con su brisa, es realmente cómodo. Hace algunos años empecé a trabajar de camarera en un bar, frente al mar. Las visitas no eran realmente contundentes pero se sentía bien, el cariño de todos estos pobladores es realmente sano y eso me agradaba. Me aceptaban por el simple hecho de que mi verdadera identidad era incógnita.

Aquel día, fue todo diferente. Recuerdo que hablaba con el barman mientras éste limpiaba las copas con su típico trapo, un tipo muy limpio; yo estaba apoyada en la barra muy atenta de quien me llamara a su mesa, en ese mismo momento un ser nuevo abrió la puerta y entró, se acomodó en el sitio más alejado de todos y yo, como mi trabajo diario, fui hasta él para atenderle. Le entregué la arrogante carta y él sólo señalaba con sus largos y finos dedos lo que deseaba, un curioso personaje en muchos sentidos. Pedí del whisky y luego un corto, caminé tranquilamente hasta mi destino y tomé en cuenta que éste me observaba con unos ojos penetrantes y cálidos, no me molestaba pero me sentía extraña. No hice más que dejar su pedido y retirarme, no podía hacer demasiado. Al volver a mi punto de inicio, me mantuve pensando en demasiadas cosas y aún sentía esa mirada. Tenía un presentimiento realmente raro, nunca había tenido a algún cliente tan fijo sobre mi "persona". ¿Se habrá dado cuenta de lo que en realidad soy?

Estuve fija en él, en su rostro, sus ojos tan intensos, su nariz fina, sus labios delgados, era realmente perfecto, en algún momento sentí que estaba hundiéndome en un océano diferente. Negué suavemente y éste ya había terminado su licor, dejó el dinero y se retiró en un abrir y cerrar de ojos. ¿Es que nadie se dio cuenta de aquel hombre alto y vestido de negro, con una larga chaqueta de cuero? ¿De verdad? Las dudas dieron vueltas en mi cabeza, retiré el dinero y lo entregué en la caja, por esta vez mi día terminó con la incógnita más grande de mi falsa vida.

8 de Febrero, 1997

   Pasaron unos cuantos días para volverlo a ver. Yo por un momento pensé que era extranjero, jamás le había visto por acá, y sí lo era, algún día desaparecería para siempre. Éste día el bar no fue tan visitado porque el día estaba terrible, la lluvia caía amenazante, las calles casi inundadas, el mar estaba rabioso y sus olas eran enormes, todo era realmente desafiante el día de hoy, hasta él. Entró, volvió a su lugar, esperó a que le atendiera y, justo en ese momento el barman había ido a ordenar a la bodega, le entregué la carta, el hombre tomó mi mano, su tacto frío, sus dedos largos acariciaban de los míos y tocó suavemente mi anillo de plata barata, levantó la vista y con una gentil sonrisa me saludó. Yo no sabía como responder, sólo pude atinar a una pequeña sonrisa que parecía casi infantil, estaba realmente nerviosa. Soltó mi mano y pidió lo de siempre, esta vez utilizó su varonil y exótica voz, me envolvió con sólo escucharlo, asentí y fui a hacer de su trago, sentía la extraña sensación de aquel 23 aún más intensa, no me agradaba para nada. Terminé y entregué, nuevamente su voz me atacó con un educado gracias. Me retiré y quedé en la barra, sólo habían tres visitas en el local, mi mirada sólo cesaba en el mar, admiraba de las olas y sin darme cuenta aquel hombre estaba frente a mí, sin hacer ningún ruido, dejó los vasos a mi disposición y el dinero, pidió que me quedara con el cambio y se retiró. Nuevamente quedé marcando ocupado, guardé el dinero restante en el bolsillo de mi delantal atado en la cadera. Sólo podía recordar su voz, resonaba en mi cabeza.

25 de Marzo, 1997

   Él sigue frecuentando el bar dos o tres veces por semana, siempre es lo mismo, toma mi mano, acaricia de ella, la suelta, pide lo suyo y luego termina, entrega su vaso y la propina, para finalmente retirarse. Hoy entregó su vaso, el dinero y un papel. Sí, un papel pequeño, amarillento y bastante opaco, aún no sé su contenido; cuando sentí la curiosidad de verlo, él depositó un beso en mi mejilla, sus labios eran fríos y suaves como su piel, sonrió y se retiró sin más. Ni siquiera lo detuve, lo dejé partir nuevamente; posé con suavidad la yema de mis dedos en el moflete besado, sentí un pequeño calor recorrer mi frívolo cuerpo, suspiré y por fin atiné a leer el papel, una letra hermosa, legible y delicada, dejaba una dirección, el número de la habitación y más abajo la inicial, de seguro era su nombre. Jamás lo supe en realidad...

29 de Marzo, 1997

   Cuatro días tardé para estar realmente segura de aventurarme con un completo extraño. Como el día nuevamente estaba "triste", salí antes porque nadie visitó el local y mi único compañero se dedicaría a cerrar. Caminé por la acera tranquilamente, mientras el agua golpeaba mi piel y ropas, cerré mi cazadora para que la blusa no se mojara más. Recordé la dirección y al llegar a la esquina de aquella calle un tanto empinada, él estaba con su enorme abrigo negro de costoso cuero esperándome. Me acerqué y me sonrió ligero, pasó al inmueble de sólo tres pisos, le seguí hasta que llegamos a su cómodo departamento, nos adentramos y retiró de su chaqueta, quité de la mía y él sin siquiera preguntármelo me dio una taza de café, se sentó frente a mí y por fin pude verlo tal cual. Sus facciones eran finísimas, su piel tan pálida como la nieve, un cutis perfecto, su camisa, pantalones y zapatos negros decentes, y cómo olvidar su largo cabello de color azabache. No pude haber visto ser más hermoso en esta vida, mucho menos que fuese en realidad un humano y no un ser sobrenatural. Empezó a hablar, hasta sonaba diferente, estaba relajado y tenía un tono juvenil que me llenaba. Yo sólo me espabilaba a responder, estaba tan fija en sus oscuros y profundos ojos que sentía que nada existía a mi alrededor, sólo él. No tardó demasiado en ponerse de pie, destacar aún más de su altura con esas ropas, posarse tras de mi cómoda ubicación y rodearme con los brazos. En ese lapsus me di cuenta que era un caza mujeres, me importó un pepino; apenas sentí su respiración tan cerca de mis labios, dejé a un lado el café sobre la pequeña mesa, y lo besé con toda la dedicación posible, me plegué a su cuello e intenté ser la mejor mujer que haya estado en su cama alguna vez para que jamás se olvidara de mi, para que jamás olvidara mi verdadera identidad, lo que en realidad soy. Aquel hombre se sorprendió y sonrió tan amplio, dejó un beso en mi frente y con un suave susurro me alegró. "¿Sabes qué es lo que me encantó de ti? Tu inhumano ser. Admítelo, eres un demonio, ¿no? Una súcubo que divaga entre los humanos como si fuera uno de ellos." Pronunció cada palabra con la voz más seductora que alguna vez pude escuchar, me dejé fundir en él nuevamente sin responder, sólo lo demostré en aquella tibia habitación que ahora era cómplice de aquel momento y mi secreto.

20 de Agosto, 1999

   Tal cual, ya han pasado dos años y tantos meses de aquella vez, ahora él es mi prometido. Yo le insisto que cometió el peor error de su vida por comprometerse conmigo, no soy el mejor partido, solamente soy deliciosa en otros aspectos como el ser que soy. Todo había marchado bien... Pero hace muy poco me enteré de ciertas cosas que me molestaron bastante. Yo seguí trabajando en el bar, él me celaba cada vez que me acercaba a algún hombre, yo sólo hacía mi trabajo de mesera. Sus repetidas desconfianzas me empezaron a hartar, simplemente aguanté. Cuando le fui a ver a su departamento hace dos días atrás me dio de una fuerte bofetada, no sentí dolor, ni tampoco quedó marca, sólo me desgarró "sentimentalmente", y la rabia aumentaba cada vez que él abría el pico para joder. Acumulo las ganas de... Nada.

13 de Diciembre, 1999

   Estábamos en mi propiedad, la noche era testigo de todo lo que iba a suceder, en el sofá plasmando nuestros sentimientos como buenos amantes pero bien sabemos que la mentira fluía en ambos. Supe que se había encamado con otra mujer, le pregunté y ni siquiera dudó en decirme la verdad. Sonreí ampliamente con sus palabras de aceptación hacia ello. ¿Él acaso piensa que aceptaré aquello? Está muy equivocado. Sí, ahora me expreso igual que una tipa maniática, eso es lo que soy pero con más fuerza y rabia que la típica. Luego de terminar el coito, que lo sentía igual que todos los anteriores, me vestí, él igual, monótona vida. Me serví café mientras pensaba diferentes cosas horrendas, que hace mucho no pasaban en mi cabeza en contra de un hermoso amante. Con el dedo empecé a dibujar como lo acecharía, como lo arrinconaría y que conociera el otro lado de esta linda súcubo. Terminé de aquel líquido y volteé, él estuvo detrás de mí todo el tiempo, ni siquiera me exalté, siempre que podía lo hacía; lo observé con los ojos entrecerrados y dejé a un lado la taza. Seguí contemplándolo con actitud seria, él estaba con su espalda apoyada en el mueble alto, había un silencio realmente espeso, irrompible, me encantaba. Estiré mis dedos largos con diversión, moví el anillo para acomodarlo, delinee mis labios con la punta de la lengua y no tardo demasiado el mayor en besar mi cuello, lo abracé del cuello y sin problemas enterré mis largas y puntiagudas uñas en la nuca con una fuerza bestial, empecé a mover de ellas bajando lentamente, mientras él abría lo suficiente los ojos, seguí deslizando de mis dedos hasta llegar tan cerca de su yugular. Su mirada horrorizada rogaba que me detuviera, no hubo compasión. Llegué a aquella parte tan delicada e importante para él, la desgarré de una simple pasada, después de dejar que la sangre brotara incansablemente por aquellas enormes y extrañas heridas profundas, que sólo las garras de un demonio podía provocar, lo solté sutilmente. Él se apoyó en el mueble, luego cayó al piso y apretó sus ojos con fuerza. Parte de su azabache cabello se empapaba de sangre, di dos pasos atrás pasa seguir contemplándolo cómo se retorcía en su dolor. Abrí la cajonera, saqué un cuchillo y sin pensarlo dos veces lo clavé en las viejas heridas en su yugular para finalizar con mi pequeño trabajo; dejé clavado aquel objeto y sin pisar la sangre pasé sobre el inerte cuerpo de mi amante. 

23 de Diciembre, 1999

No pasaron tantos días para que el olor de aquel cadáver fuera cada vez más repugnante, se impregnaba en las paredes, mi cuerpo, ropas, todo; con un machete hice todo para cortar ese cuerpo en pedazos medianos para introducir de estos en una bolsa negra y grande, lo normal para gente normal. Realicé de aquel largo y agotador proceso, sellé la bolsa y salí a dejarla en un gran tacho de la basura, volví a casa y limpié de cada rincón de esta, en especial aquella sangre coagulada en la baldosa de la cocina. Sin tardar demasiado, tomé en cuenta que habían muchos mechones de su largo cabello oscuro, tomé de estos y los guardé con sumo cuidado dentro de una bolsa trasparente; el mejor recuerdo de mi vida. Mis sentimientos se depositaron dentro de esta junto a ese hermoso cabello.


{ . . . } 

Nadie nunca supo lo que sucedió ahí, pero... Estoy feliz de haber sido la última mujer con la que se encamó después de su infidelidad, la última en contemplarlo en su monótona faceta, su hermosa y amplia sonrisa, para finalmente admirar su mejor expresión de dolor y desgracia. 

      Sólo queda esperar quién puede ser el siguiente...


25 de enero de 2013

「Donotopenme.exe」


Me agradan los creepypastas y éste ha sido uno de los pocos que me ha gustado bastante. Espero les agrade tanto como a mí, basta de bla bla, aquí se los dejo:

* * * 
"Viene por mí. Lo sé. No puedo evitar pensar en lo que me hará cuando llegue. Lo siento cada vez más cerca. Esta frente a la puerta de mi casa. No tarda en entrar a mi cuarto. Espero que nadie comenta el mismo error que yo. Lo puedo ver por el espejo. Adiós.

Todo comenzó por una USB. Hacía ya mucho tiempo que había querido una. Anteriormente había tenido una Kingston negra de 4 gb, la cual fue robada. Antes de esa, tenía una Kingston algo vieja y gris, de tan solo 525 mb. Debido a mis deberes escolares, me vi en la necesidad de ahorrar para una nueva. Como es común, semanalmente mis padres me dan $100, los cuales tengo que distribuir entre salidas y comidas de toda la semana, por lo cual me quedaba poco dinero para guardar y tardaría mucho tiempo.

Una tarde, mientras caminaba por el parque con mis amigos, estábamos hablando de ese tema. Algunos me decían que no me preocupara, que con algo de tiempo conseguiría el dinero. Otros cuantos me ofrecían prestarme el dinero y que luego se los pagara. Unos últimos me intentaban convencer de que no era completamente necesario, que simplemente me mandara los trabajos a mí mismo por correo y listo. Yo iba con la cabeza abajo ya que me estaban haciendo divagar con tantas ideas que no lo soportaba; entonces vi un destello por el camino junto al bebedero. Me regrese discretamente con la excusa de que debía de tomar agua y me agaché para "abrocharme las cintas". Una vez abajo, pude reconocer el objeto brillante. Era una memoria USB de 2 gb. La recogí sin decir nada (porque entre nosotros se aplica la ley de "si lo encuentras y anuncias, se te quita y se deja ahí" ) y me la guardé en la bolsa del pantalón.

Cuando llegué a mi casa, lo primero que quise hacer era ver el contenido de la USB, así que tomé la laptop y me encerré en mi cuarto, excusándome con la clásica de "voy a hacer tarea, así que no me molesten". Cuando conecté la USB, todo parecía normal. La USB se llamaba "MYFILES" y se abrieron normalmente las opciones de Windows. Cuando revisé las carpetas, había una o dos con imágenes pornográficas (no se me hizo nada extraño), unos programas portátiles y un archivo .exe. Este último archivo estaba titulado como "donotopenme.exe", y no se me hizo raro, ya que pensé que eran vídeos pornográficos o cosas así.

Cuando ejecuté el programa, me salió una advertencia rara de Windows, como cuando sale que el programa no se puede ejecutar, pero parecía en otro idioma que no había visto antes. Tenía solo dos botones con garabatos, uno terminaba en tres puntos y otro en un signo de exclamación. Deduje que el de los tres puntos significaba continuar, así que le di clic. Fue el peor error de toda mi vida.

El programa comenzó. Era un juego estilo Final Fantasy combinado con Dragon Ball Z (o sea, de peleas), sólo que en flash y tenía gráficas peores que las de el mismo juego para Nintendo DS. No le dí importancia y seguí jugando, ya que pensé que algo debía de tener de interesante. En la pantalla de elegir personaje, había personajes que no había visto en ningún juego. Había unos con una apariencia bastante fuerte, unos que se veían débiles y uno que estaba en sombras. A pesar de las sombras, se distinguían dos cuernos de su cabeza y no lo podía escoger, así que escogí al que mejor se veía. Cuando elegí mi personaje, encontré una advertencia que estaba en español esta vez, y decía "Tienes tres oportunidades. Si fallas, tu vida estará en peligro y nada podrá salvarte."

Cuando leí éste mensaje, intente salir del juego inmediatamente, aunque no pude ni iniciando el administrador de tareas. Entonces me dí cuenta de que la única manera de cerrarlo era terminar el juego. Decidí aceptar y, para mi sorpresa, mi oponente era el personaje de las sombras. Tenía un aspecto parecido al de un dragón, solo que caminando como humano. Era tan horripilante que con sólo verlo te dan nauseas. Era una pelea al que gane tres de cinco caídas.

Comencé a atacar al monstruo, el cual, parecía estar congelado. Yo pensé "¡Pan comido! No hay razón para asustarse si no va a hacer mas que quedarse parado." Acto seguido, le gané el primer asalto. Cuando comenzó el segundo, algo había cambiado. No podía decirlo bien pero parecía que mi oponente se había fortalecido y que mi personaje se había desgastado un poco. No le dí importancia y empecé a golpearlo pero el juego estaba mas lento; bueno, al menos eso pensé hasta que vi que el enemigo se movía con normalidad. Pensé que esto se debía al desgaste de la batalla anterior pero misteriosamente yo también me sentí agotado. No me importó y seguí peleando. Gané con dificultad, así que me quería sanar o algo así. En el juego no se podía.

Cuando comenzó la tercera ronda, el cambio era mas notorio. Mi personaje se veía viejo y el enemigo mucho más poderoso. Cuando el combate comenzó, yo me movía en cámara más lenta que la anterior y no me pude defender de un sólo ataque del enemigo. De dos o tres ataques mi personaje ya estaba muerto, y apareció otro mensaje que decía "Solo dos vidas mas." Esto me espantó pero pensé "Ha de ser para el Game Over, así que no importa." En la siguiente ronda, mi personaje tenía los huesos casi marcados y se movía más lento que cómo si estuviera tratando de correr en agua. Parecía que mientras yo me debilitaba, mi enemigo se fortalecía cada vez más. De dos golpes fui derrotado y me apareció un mensaje que decía "Última vida."

Cuando la última ronda empezó, mi personaje parecía no tener vida. Había recuperado su fortaleza (eso pensé) pero sus ojos se veían blancos y sin vida. El enemigo, en cambio, tenía ojos súper realistas, como si fueran ojos de serpiente reales. El fondo también cambió. Antes, era un rojo con nada fuera de lo común. En esta ronda, parecía como una pared llena de sangre. Parecía que tenía arañazos que decían "No pierdas" y "¡No termines como nosotros!" Entre los contrastes de sangre se divisaban líneas que no pude ver al principio. Mi personaje se regresó a mover normalmente y con gran resistencia. El enemigo parecía completamente real, como si estuviera fuera de la pantalla. No se defendía de ningún golpe, parecía que sólo hablaba. Poco a poco me fui dando cuenta de qué con cada golpe que le metía, las líneas del fondo se comenzaban a clarificar más y más, hasta que tomaron la forma de cerebros y corazones humanos. Me quedé sin palabras. Cuando le iba a poner el último golpe, la pantalla explotó como si todo el daño que le hubiera hecho se revirtiera contra mí en forma de explosión. Al instante, mi personaje murió pero hubo algo diferente en la secuencia de muerte. En lugar de sólo quedar tirado con sangre a mi alrededor, el enemigo se me acerco y, con un solo golpe, mi cuerpo salió volando hacia fuera de la pantalla con la excepción de mi corazón y mi cerebro. Me quedé en shock.

Después de esto, salió un cuadro de texto en el cual decía "Te quedan tres días de vida. No importa donde estés, te encontraré y te mataré." Acción seguida, la pantalla se cerró y se reinició la laptop. Yo seguía sin decir nada y shockeado. Cuando se volvió a abrir, el archivo estaba dañado, como si sólo se pudiera abrir una vez.

Eso fue un viernes, y el lunes siguiente no teníamos clases. Yo decidí no darle importancia y seguir con mi vida normalmente. Todo iba bien, hasta que noté que me sentía seguido y mirado a todas horas. Pensé que sólo era paranoia, que nada de eso pasaría. El domingo mi paranoia había aumentado al grado de ver y oír cosas. Yo no podía creerlo, así que me encerré hasta las dos de la madrugada en mi cuarto. Entonces, comencé a oír pasos, pasos que no podían ser oídos por mis padres ni hermana. Pasos que significaban mi muerte. Pasos fríos y sin vida. Pasos que sólo yo podía escuchar. Entonces, empecé a escribir esto.

Si alguien encuentra esto le pido que por nada del mundo abra el archivo .exe. Los recordaré desde el fondo del juego."

23 de enero de 2013

「Sixth month」

Sexto mes, medio año juntos, y los nervios de la primera vez que nos vimos como amigos aún no desaparecen. Me has aceptado tal y como soy, llena de caprichos, sueños y fantasías que deseo cumplir en un futuro próximo y estos se cumplirán sólo a tu lado. 
 Sueño despierta contigo, debo de admitirlo, me encanta hacerlo, me siento llena, feliz, satisfecha. Eres el tipo de ser que tanto deseaba en mi vida, el único que me hace caminar en contra de todo el rebaño con más ganas y valentía sólo si estoy tomada de tu mano y tengo tu completo apoyo, como siempre.
Me enamoré de ti con todos tus defectos y virtudes, en especial me enamoraron esos defectos tontos y caprichosos de niño pequeño, eres un ser con el toque infantil que me encanta y el hombre que me defiende ante todas las cosas, me hacen sentir realmente protegida.
Saber que contigo estaré hasta que no dé más, hasta que mis labios se gasten de tanto posar y devorar de los tuyos, sentir esa pasión día a día, tanto en los besos y las caricias, hasta en el momento de rendir todo en una cama. Todo ha sido suficiente y mucho más para mi.
 Gracias por estar conmigo y hacerme feliz a tu manera, esa manera única que me completa.

Te amo demasiado, N.-

22 de enero de 2013

「Crime」

No sé cuantos años han pasado desde la última vez que la sangre salpicó mis ropas, es que aquella víctima indefensa no alcanzó siquiera a susurrarle a Dios, a pedir por algo de esperanza, no quería morir se notaba en su rostro, el miedo era tan claro que me alimentaba de sobre manera, mi sonrisa siempre era enorme y con cierta lascivia, era como si los golpes fuera un coito intenso, duro, violento, sin más que dolor, nada de amor, así prefería yo las cosas, la compasión no estaba en mi vocablo, en mi mente, en mi cuerpo, en nada.

Mi nombre es Charlotte, y esta es la historia que hace mucho tiempo quería contar, no sé cuantas veces me han tratado de lunática, ahora sólo sé que estoy en un aula blanca, muy cómoda en todos sus sentidos pero mis brazos no los puedo mover. Eso no es tema, le contaré como empezó todo...

La tarde era fría, la nieve caía por montones, lenta y dedicadamente, era precioso. Yo estaba en el parque, sentada en una banca, vieja, con un olor a humedad que era realmente asqueroso ante el olfato humano, algo que me encanta de sobre manera, por eso quizás jamás me nombré como tal; contemplaba a mi alrededor, como los chicos jugaban sin parar, nada los detenía, no se cansaban, eran felices sobre ese manto blanco, vacío, tal como estaba mi mirada. Siempre he tenido la mala costumbre de observar todo con detalle e inclusive soy de esos seres que pueden describir la hiel del otro tal como si estuviese en el pellejo ajeno, me encanta. Busqué incansablemente a aquella mujer que logró que el frío penetrara en mis huesos,  me hacía tener reacciones extrañas, y algo en ella me molestaba de sobre manera; esa mujer, la chica de cabellos rubios platinados, ojos profundos y sentimentales de color esmeralda, una tez pálida como la nieve, unos labios finos con un suave morado; el frío sobre aquella delgada mujer la hacia verse perfecta, un ser que no tenía defectos a mi parecer, siendo que yo busco todo error sobre las personas. Muchas veces cruzamos las miradas, nada intenso, todo era superficial, aburrido y común. Pero esa tarde fue totalmente diferente, esperé a que se marchara, acomodando su largo abrigo beige en el camino, introducía las manos en los bolsillos y se iba tranquilamente por el puente, un precioso puente rojo y que justo a la hora que empezaba a caer la oscuridad, los focos encendían e iluminaban todo a su paso, en especial a mi amado objetivo.

Tras una intensa caminata, en todo el puente, un largo, angosto e interminable puente, hubo un lapsus que todo quedó realmente solo, nosotras dos estábamos ahí y presentía tan bien su cuerpo, temblaba tanto por el frío como por mi ser que le siguió todo el camino imitando su gesto, el abrigo largo negro hasta las rodillas, las manos dentro de los bolsillos de éste, mi aspecto no era el mejor de todos, mucho menos mi artificial color de cabello, era del mismo rojo intenso que poseía en mis labios, a pesar de todo, mi presencia como <humano> no era tan insignificante; delineé con mi mirada aquel esbelto cuerpo, la chica volteo con temor y fijó su vista, tan penetrante sobre mis ojos azabache, mientras sonreía ladino tras el alto cuello de mi abrigo por el hecho de que me habían descubierto, aquella apretaba los puños dentro de la chaqueta, caminó hasta mí con decisión, por fin algo me repugnó sobre ella, su actitud llena de arrogancia me molestaba, sentía el temor de su cuerpo pero la chica intentaba dar una actitud valiente en vana, un pésimo acto de presencia frente a mi, gruñí y estoy segura de que la mujer lo escuchó, se espantó y jadeo un momento, volviendo a tomar esa actitud grotesca.


Admiré a mi alrededor, el silencio se apoderó del ambiente, soplaba el viento invernal con suavidad, sólo alborotaba mis cabellos y los ajenos, estaba tan solitario, las luces hacían de lo suyo, cada vez más atracción a realizar mi mejor hazaña; volví la vista a ella y la tenía tan cerca de mi cuerpo que el escalofrío que me daba a conocer era realmente intenso, yo sólo me mantuve fija y sin ningún tipo de expresión facial, el vacío estaba presente una vez más. En mi bolsillo derecho, empuñé firme de un objeto, mi movimiento fue tan delicado, no causé ningún tipo de alboroto, sonreí esta vez para que la chica notara de ella, poco a poco la mujer también formó de la suya, su cuerpo estaba entrando en confianza y negué para advertir que estaba realmente equivocada. No tardé demasiado en sacar las manos de los bolsillos, tomar de su fino cuello con mi brazo izquierdo presionando todo la espalda ajena en la baranda del puente, empuñé la pequeña e insignificante cuchilla en su yugular, presionando suave de su filo. Sus ojos desconcertados, plagados en miedo, sus labios tan cerca de los míos, saboree de los míos y los jadeos asustados de mi víctima eran excitantes, me concentraban aún más en ella y su belleza. Con total sutileza bajé todo el cierre de su abrigo, ella estaba tan preocupada de que mi brazo no se enroscara con más bestialidad en su cuello que olvidó el resto de su cuerpo. Un par de prendas más, no tan abrigadoras, ajustadas en su silueta, su voluptuoso pecho, una excelente vista para desear más y más de tan indefensa mujer; deslicé el filo ejerciendo suave presión para cortar un poco sobre su piel hasta llegar a las prendas del torso, presioné más de la cuchilla en su suéter, los rajé y una delgada blusa ya estaba censurando de su visión nuevamente. Les recuerdo que la chica sólo se dejaba hacer, lo único que rogaba era no morir, no se encomendó hacia ningún supremo, sólo quería sobrevivir ante una extraña. Incliné mi cabeza sobre un pecho y lamí sobre éste con vivacidad, no ese no era mi trabajo, sólo estaba divirtiéndome un poco, un fuerte jadeo escapó de la mujer, me molestó nuevamente, su voz o, mejor dicho, aquellos jadeos eran tan agudos que me jodían de sobre manera.

No hubo más piedad, incliné mi seca boca en la ajena y mordí el labio inferior con fuerza dejando terribles marcas y provocando que sangraran, apoyé la cuchilla en su pecho y presioné con bestialidad, enterrando sólo la punta de esta, un chillido violento presencie frente a mis narices, fruncí el ceño y proseguí a penetrar el filo con impulso en su abdomen, completamente, faltaba tan poco para que el mango tocara su blusa; todo poco a poco se aclamaba en sangre, estas acudían con vivacidad justo al momento de retirar la navaja. Soltó el cuerpo de la platinada muchacha, jadeaba y apoyaba sus manos con fuerza en el corte del estómago, chillaba como un gato que estaba siendo torturado, unos gritos que me irritaban de sobre manera, todas mis víctimas eran iguales; sin más, con mis botas negras y duras azotaron el rostro de la chica, azotó su cráneo en las barras de la baranda, no emitió ningún sonido, sólo jadeaba con dificultad y con suerte tenía fuerza para apretar el corte y dejara de sangrar, cosa imposible. Nuevamente dediqué la punta de mi calzado en su cuerpo, directamente en las costillas, se azotó en el poste con bestialidad y el crujir de tres costillas fue lo mejor que escuché en tan largo lapsus. La chica lloraba sin fuerzas, ningún ruido podía aludir, la admiré con ternura y reí con suavidad, una risa cálida sólo para atraer la vista de mi víctima, estaba perpleja y su mirada sólo pedía algo de piedad y encima se preguntaba "¿Cómo alguien tan acogedor puede ser así?" La incógnita de todos esos mediocres seres, fruncí mis labios, ya era suficiente. Sacudí mi cabello, bajé el cierre de mi largo abrigo y acomodé el cuello de este, doblándolo con sutileza, me di mi tiempo, con tal mi víctima se estaba desangrando y no le quedaba mucho. La observé con cierta seducción, y sonreí con leve lascivia. Caminé hasta ella, se cubrió como pudo, tiritaba de pánico, sus finos dedos estaban empapados de sangre, me incliné, tomé firme la cuchilla y sostuve de su mano con gentileza, apoyé el filo bajo del pulgar y presioné con tal fuerza que corté fácilmente, la sangre brotaba y manchaba el piso, mi abrigo de cuero fino, proseguí así con todos, ella sólo se dejaba hacer, no podía con más, no tenía fuerzas de nada; luego marqué sus yemas con cortes en cruz, nuevamente con ambas manos y la dejé ahí.

Me levanté con elegancia y contemplé de la chica con ternura, el color pálido y morado de su tez era encantador, sus labios se resecaban y los ojos de esta se empapaban en las últimas lágrimas, el juego para ella y para mi había acabado. Sacudí mi cabello y guardé la navaja en mi bolsillo derecho del abrigo, metí las manos en los bolsillos delanteros de mi ajustado pantalón negro de mezclilla y con total tranquilidad emprendí mi marcha, prosiguiendo el camino que faltaba para terminar el puente. Suspiré con suavidad y sonreí ampliamente, ya era suficiente por el día, la mujer que por mucho tiempo admiré en el parque caminando por sus alrededores, al fin fue mía de la manera más hermosa que puede haber existido en la vida de mortal que poseían todos, cada uno de ustedes.

Luego de aquel suceso, todos en el pueblo hablaban de aquel asesinato, las extrañas marcas que para mi eran totalmente normales; muchos seres mortales sospecharon de mí y ahora, cómo no pudieron hacer más hacia mi persona, me tiraron a un cuarto blanco, mi torso y brazos amarrados, sentada en la esquina de la habitación, mirando el piso mientras mi mente seguía reproduciendo cada asesinato, en especial el último, el que más amé en esta vida. Aquella chica inolvidable que en estos momentos debe estar en algún lugar, muy lejos de mi pero muy cerca a la vez.

11 de enero de 2013

「Heartbreaker」

Estimado:

Creo que una vez tu nombre marcó tanto en mis pensamientos que ahora se volvieron arena que huye por mis dedos, sólo que esta vez recupero esa arena y pica en mi cabeza. En fin...

 ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que nos vimos, querido? Unos tres años más o menos, ¿no? Tres años que para mi han ido un horrible martirio, mi vida se volvió un desastre que no tiene vuelta atrás; el que te hayas ido de mi lado desarmó todo el futuro que tenía destinado pero bueno, no podemos hacer nada el respecto porque a pesar de todo, tú jamás volverás a estrecharte a estos brazos, a estos cálidos y flacuchos brazos que rodeaban toda tu delgada silueta varonil.

Sabes hace unos meses me estaba acordando de todo lo que vivimos, si es que lo vivimos de verdad, ya sabrás a que me refiero. ¿Recuerdas cuando me regalaste ese globo de color carmesí? Era hermoso, tenía el color de tus labios tras ser besados por mi apasionado y lujurioso ser. También las salidas nocturnas hasta la rueda de la fortuna que se encontraba en el otro lado de la ciudad, me llevabas en tu auto y cada vez que dábamos la vuelta por aquel acantilado me decías que los enamorados se suicidaban ahí, me era divertido, me hubiese gustado hacerlo contigo; luego llegábamos a nuestro destino que estaba esperándonos ansioso como sus fieles clientes y subíamos, observábamos el paisaje tan luminoso del pueblo y una parte de la ciudad, era hermoso. Tus mentiras también eran preciosas, me decías que jamás me dejarías y ahora estoy aquí escribiendo una linda carta donde recuerdo el par de cosas que más me marcaron. ¿Por qué un globo me marcó tanto si era tan simple? Fácil, estábamos disfrutando de ese globo juntos y era un lindo lugar que llegaba al circo, tú sabes que me encantan los circos y en especial los payasos, tú siempre decías que te ibas a disfrazar como uno para sorprenderme, jamás pasó pero eso ya no importa. Ahora que lo recuerdo, también me marcó la primera vez, cuando yo estaba sentada en una banca del parque, sola, leyendo un aburrido libro viejo lleno de detalles y hojas saltadas y te acomodaste a mi lado, en la otra esquina de la banca, a observarme con suavidad, tu mirada, a pesar de todo, me quemaba en el hombro y cuello mientras yo seguía fija en el libro. Creo que fue por una apuesta que te acercaste a mi en esa instancia. No lo sé, no recuerdo muy bien, pero si era por una puesta pues la amo pero la odio a la vez, no sabes como estoy ahora...

Ahora es cuando más necesito de tu abrazos reconfortantes, tus aburridos y poco dedicados besos, las miradas vacías donde no veía más que un falso sentimiento y un gran arrepentimiento de haberme conocido, te condené a amarme sólo por la clase de persona que soy, la idea no era esa pero sucedió. En este momento estoy en el borde un colapso mental crónico, donde mi cuerpo ya no responde y mis manos con suerte pueden escribir una tenue y humillante carta, como la dueña. Describiría mis sentimientos de una buena manera pero me es imposible, me gustaría dejar un desanimado beso en tu cuello y así me miraras de manera más fogosa pero ya ni eso espero. No espero nada en realidad.

Sólo quiero que leas la carta, te acuerdes de mi y que tus labios se resequen, tus ojos se empapen de la lluvia salada que brota por ellos y que tu rostro se desforme sabiendo que... Por tu culpa yo me iré para siempre. Yo sé que no nos volveremos a encontrar, porque soy la destinada a ir al infierno mientras que tú quedarás en la faz de la tierra deambulando muerto por no haber realizado todo lo que debías en tu vida, conmigo.

Mi corazón se detendrá justo cuando pronuncie tu nombre y la bala atraviese mi sien como si fueran mil y un palabras falsas de amor que siempre me prometías, bien sabíamos que era una vil mentira.

Buenas noches.
Te amo.