Cantemos canciones de amor.
Describamos ese instante donde tu guitarra y mi voz fueron uno.
Pensemos que estar perdido en una vida tan difícil como esta es divertido.
Recordemos que nosotros deseamos estar así siempre.
Añoremos de aquellos momentos juntos donde todo era borroso y a la vez real.
Descifremos nuevos sentimientos tanto de amor como de odio.
Queramos que nuestro futuro cambie siempre con cada cosa que hagamos.
Deseemos que todo sea único y especial.
Todo porque te amo.
29 de diciembre de 2012
25 de diciembre de 2012
「遅い」 • 6 •
"Hoy, como siempre sus enloquecidos pensamientos abusan de mi."
Recogí mi cabello con cuidado, mirando el techo de una habitación totalmente desconocida. No estaba la presencia de ningún ser a mi lado, el silencio ensordecedor que en ocasiones se trizaba con el monótono sonido de las manecillas del reloj mural, se escuchaba a ratos, estaba tan lejos de mi que en momentos pensaba que ya había perdido la cordura y sólo era mi imaginación que había un silencio, que estaba solo, que era un lugar desconocido. Tomé mis ropas y el movimiento de un individuo sobre la cama me interrumpió, voltee y no estaba solo como pensé al principio. El pelinegro tenía el cabello sobre los ojos, sus labios rectos sin expresión alguna y su cuerpo enredado en las sábanas, él estaba profundamente dormido.
"Ya no entiendo nada de mi propia situación."
Suspiré ignorando todo lo de mi alrededor hasta a el magnífico muchacho que descansaba plácidamente cerca de mi, aquel que estuvo a mi lado toda la noche. Me vestí rápidamente y caminé hasta la puerta donde alguna vez alguien había escapado por alguna razón que no sé, que no recuerdo. Apoyé los dedos en la perilla y abrí, acto seguido, frente a mi, el otro pelinegro ya estaba observándome con molestia, como si la novia de él se encontrara dentro. Dio unos pasos y frunció aún más el ceño, sus labios se curvaron y con un rápido impulso me dio un fuerte empujón en el pecho. Retrocedí cuantos pasos fuesen necesarios para equilibrar y no caer.
"Él está arrebatándomelo todo."
—¡Y a ti qué carajos te pasa! —apreté los puños.
Ryutaro se inclinó de la cama, tranquilo y al ver la situación se levantó con ropa interior y una camiseta larga que dejaba lucir su pecho. Frunció los labios y observó a Kenken con seriedad, en este caso, el chico estaba fijo en mí, volviendo a sus pasos anteriores, dejándome contra la pared, al momento que sus manos se dirigían a mi cuello las tomé y sostuve con fuerza.
—¿Qué demonios haces acá? —estimulaba apenas el pelinegro, cada vez más enfurecido ante mi presencia, ignorando totalmente a Ryutaro quien sólo observaba sin saber que hacer.
—No le doy explicaciones a un niñato. —fruncí mis labios y lo empuje con fuerza contra un mediano estante junto a la cocina, provocando un estruendo. —Tengo bastante contigo. —me acerqué y tomé de su camiseta negra con puntos blancos, alzándolo y pegando su cuerpo contra el frío muro.
—¿Conmigo? ¿Tienes celos de que Ryutaro tenga más confianza en mí que en ti? —una sonrisa amplia y sarcástica me sacaban más de casillas.
—... Te voy a partir el rostro. —alcé mi puño que rápidamente fue presionado por los fríos dedos de Ryutaro.
—Ya basta. —la pequeña frase estimulada por el mayor. —Parecen críos.
—Ryutaro no te metas, Tatsuro me quiere romper el cráneo a golpes, ¿verdad? —volvió a sonreír. Apreté mis ojos, me colmaba la situación, me sentía encerrado, sofocado de palabras irónicas por parte de Kenken.
"¿Soy un error? ¿No es este mi lugar?"
—Par de idiotas, paren. —Ryutaro jaló mi camiseta y yo aún no podía articular palabra, seguía aprisionado.
—¿Y qué pasa contigo, eh? ¿Qué hacías con él cuando eres mío? —el chico pronunció la última palabra con gracia, mis ojos como platos, sorprendido y casi con ganas de llorar. Lo solté y así mismo me deshice del agarre que había ejercido Ryutaro en mi prenda. Me estaba saturando de ideas en la cabeza, sentía que iba a explotar.
—Más falacias. —se quejó Ryutaro y retrocedió un par de pasos, cruzando sus brazos casi de manera infantil.
—Mira como tienes a Tatsuro, deberías decir la verdad. —un tono sarcástico, una sonrisa burlona, la misma sonrisa que me encanta utilizar estaba contra mi. Enfermante.
—¿Algo que decir?... —susurré y fije mi vista en el mayor, ignorando a Kenken, a quien anteriormente quise sacarle los sesos.
Ryutaro tomó silencio por varios minutos, miraba el piso y jugaba con su larga camiseta, estaba más nervioso de lo normal, a pesar de la rabia que estaba pasando seguía observándolo como un ser adorable, aquel personaje que me había enamorado de una manera bastante especial.
—No soy de nadie, pero sí tengo un sentimiento por sólo uno de vosotros. —sonrió ladino, le hacía gracia la posición actual y eso, extrañamente, me tranquilizó.
—¡Ryutaro, dilo! —Kenken chilló y al momento que iba a golpear el hombro del mayor tomé firme su mano, jalé y tiré de ella como cual juguete. El chico se quejó y regañó entre dientes, mientras que al mayor cerró un poco los ojos y dejó nacer una risita juguetona.
—No responderé. —se calmó y dedicó una sonrisa traviesa, que a Kenken fácilmente sacó de quicio. Suspiré pesado y negué con la cabeza.
—No quiero escuchar más porquerías, ya tengo suficiente con la presencia cínica de ambos. No tolero más. —pasé por ambos; admiré de reojo al menor y éste sonreía casi triunfante, mientras que Ryutaro observaba fijamente el suelo con sus labios entreabiertos quedando con las ganas de defenderse, los ojos un tanto más abiertos, su expresión me desmoronaba.
"Él está arrebatándomelo todo, tanto las cosas irreemplazables como las personas importantes."
Kenken no estímulo palabra alguna, sólo hizo que el silencio se rompiera con su traviesa y leve risa. Ryutaro permanecía quieto, los brazos a cada lado de su delgado y fino cuerpo daban la impresión de un ser totalmente desarmado que ya no soportaba más la situación y no sabía como controlarla. Salí del lugar y rápidamente hice todo por entrar al departamento, me estaba desesperando casi con un llanto enfermizo que no pensaba dejar fluir. Entré y al tiempo que iba a cerré la puerta, Kenken hizo igual con la propiedad del mayor, lo último que pude ver fue como Ryutaro, mi adorada marioneta, inclinaba su cabeza hacia el techo con sus labios tensos y los ojos cerrados, una expresión vacía. Cerré la puerta y bufé.
—¿Qué puedo hacer por alguien que nunca me ha abierto su corazón? —musité y mi voz se quebraba lentamente. Voltee y suspiré pesado; Teto me observaba sentada cerca de los pies, estaba atenta. Rodé los ojos y apreté de ellos evitando llorar.
Caminé hasta la cama, la gata me siguió, me senté y ésta de inmediato se acomodó en mis piernas, acaricie su lomo unas cuantas veces y ronroneo suavemente, me calmaba un poco pero no quitaba de mi cabeza lo sucedido anoche ni mucho menos cuando éste alzo su cabeza y su rostro que estaba deshabitado de expresiones... Me frustraba, mis pensamientos y emociones me comían poco a poco y me llevaban a un lugar diferente. Los suspiros de Ryutaro aún estaban deslizándose por mi cuerpo, en especial mi cuello, así como sus dedos se enredaban en mi cabello y lo jalaba con temor a que le dijera algo. Después de todo eso que venga un personaje cualquiera y arruine algo que podía haber sido mejor. Todo poco a poco empezaba a ser un desastre, mi puzzle se desarmaba y el hilo se tensa cada vez más.
"El tú dentro de mí no desaparecerá."
Recogí mi cabello con cuidado, mirando el techo de una habitación totalmente desconocida. No estaba la presencia de ningún ser a mi lado, el silencio ensordecedor que en ocasiones se trizaba con el monótono sonido de las manecillas del reloj mural, se escuchaba a ratos, estaba tan lejos de mi que en momentos pensaba que ya había perdido la cordura y sólo era mi imaginación que había un silencio, que estaba solo, que era un lugar desconocido. Tomé mis ropas y el movimiento de un individuo sobre la cama me interrumpió, voltee y no estaba solo como pensé al principio. El pelinegro tenía el cabello sobre los ojos, sus labios rectos sin expresión alguna y su cuerpo enredado en las sábanas, él estaba profundamente dormido.
"Ya no entiendo nada de mi propia situación."
Suspiré ignorando todo lo de mi alrededor hasta a el magnífico muchacho que descansaba plácidamente cerca de mi, aquel que estuvo a mi lado toda la noche. Me vestí rápidamente y caminé hasta la puerta donde alguna vez alguien había escapado por alguna razón que no sé, que no recuerdo. Apoyé los dedos en la perilla y abrí, acto seguido, frente a mi, el otro pelinegro ya estaba observándome con molestia, como si la novia de él se encontrara dentro. Dio unos pasos y frunció aún más el ceño, sus labios se curvaron y con un rápido impulso me dio un fuerte empujón en el pecho. Retrocedí cuantos pasos fuesen necesarios para equilibrar y no caer.
"Él está arrebatándomelo todo."
—¡Y a ti qué carajos te pasa! —apreté los puños.
Ryutaro se inclinó de la cama, tranquilo y al ver la situación se levantó con ropa interior y una camiseta larga que dejaba lucir su pecho. Frunció los labios y observó a Kenken con seriedad, en este caso, el chico estaba fijo en mí, volviendo a sus pasos anteriores, dejándome contra la pared, al momento que sus manos se dirigían a mi cuello las tomé y sostuve con fuerza.
—¿Qué demonios haces acá? —estimulaba apenas el pelinegro, cada vez más enfurecido ante mi presencia, ignorando totalmente a Ryutaro quien sólo observaba sin saber que hacer.
—No le doy explicaciones a un niñato. —fruncí mis labios y lo empuje con fuerza contra un mediano estante junto a la cocina, provocando un estruendo. —Tengo bastante contigo. —me acerqué y tomé de su camiseta negra con puntos blancos, alzándolo y pegando su cuerpo contra el frío muro.
—¿Conmigo? ¿Tienes celos de que Ryutaro tenga más confianza en mí que en ti? —una sonrisa amplia y sarcástica me sacaban más de casillas.
—... Te voy a partir el rostro. —alcé mi puño que rápidamente fue presionado por los fríos dedos de Ryutaro.
—Ya basta. —la pequeña frase estimulada por el mayor. —Parecen críos.
—Ryutaro no te metas, Tatsuro me quiere romper el cráneo a golpes, ¿verdad? —volvió a sonreír. Apreté mis ojos, me colmaba la situación, me sentía encerrado, sofocado de palabras irónicas por parte de Kenken.
"¿Soy un error? ¿No es este mi lugar?"
—Par de idiotas, paren. —Ryutaro jaló mi camiseta y yo aún no podía articular palabra, seguía aprisionado.
—¿Y qué pasa contigo, eh? ¿Qué hacías con él cuando eres mío? —el chico pronunció la última palabra con gracia, mis ojos como platos, sorprendido y casi con ganas de llorar. Lo solté y así mismo me deshice del agarre que había ejercido Ryutaro en mi prenda. Me estaba saturando de ideas en la cabeza, sentía que iba a explotar.
—Más falacias. —se quejó Ryutaro y retrocedió un par de pasos, cruzando sus brazos casi de manera infantil.
—Mira como tienes a Tatsuro, deberías decir la verdad. —un tono sarcástico, una sonrisa burlona, la misma sonrisa que me encanta utilizar estaba contra mi. Enfermante.
—¿Algo que decir?... —susurré y fije mi vista en el mayor, ignorando a Kenken, a quien anteriormente quise sacarle los sesos.
Ryutaro tomó silencio por varios minutos, miraba el piso y jugaba con su larga camiseta, estaba más nervioso de lo normal, a pesar de la rabia que estaba pasando seguía observándolo como un ser adorable, aquel personaje que me había enamorado de una manera bastante especial.
—No soy de nadie, pero sí tengo un sentimiento por sólo uno de vosotros. —sonrió ladino, le hacía gracia la posición actual y eso, extrañamente, me tranquilizó.
—¡Ryutaro, dilo! —Kenken chilló y al momento que iba a golpear el hombro del mayor tomé firme su mano, jalé y tiré de ella como cual juguete. El chico se quejó y regañó entre dientes, mientras que al mayor cerró un poco los ojos y dejó nacer una risita juguetona.
—No responderé. —se calmó y dedicó una sonrisa traviesa, que a Kenken fácilmente sacó de quicio. Suspiré pesado y negué con la cabeza.
—No quiero escuchar más porquerías, ya tengo suficiente con la presencia cínica de ambos. No tolero más. —pasé por ambos; admiré de reojo al menor y éste sonreía casi triunfante, mientras que Ryutaro observaba fijamente el suelo con sus labios entreabiertos quedando con las ganas de defenderse, los ojos un tanto más abiertos, su expresión me desmoronaba.
"Él está arrebatándomelo todo, tanto las cosas irreemplazables como las personas importantes."
Kenken no estímulo palabra alguna, sólo hizo que el silencio se rompiera con su traviesa y leve risa. Ryutaro permanecía quieto, los brazos a cada lado de su delgado y fino cuerpo daban la impresión de un ser totalmente desarmado que ya no soportaba más la situación y no sabía como controlarla. Salí del lugar y rápidamente hice todo por entrar al departamento, me estaba desesperando casi con un llanto enfermizo que no pensaba dejar fluir. Entré y al tiempo que iba a cerré la puerta, Kenken hizo igual con la propiedad del mayor, lo último que pude ver fue como Ryutaro, mi adorada marioneta, inclinaba su cabeza hacia el techo con sus labios tensos y los ojos cerrados, una expresión vacía. Cerré la puerta y bufé.
—¿Qué puedo hacer por alguien que nunca me ha abierto su corazón? —musité y mi voz se quebraba lentamente. Voltee y suspiré pesado; Teto me observaba sentada cerca de los pies, estaba atenta. Rodé los ojos y apreté de ellos evitando llorar.
Caminé hasta la cama, la gata me siguió, me senté y ésta de inmediato se acomodó en mis piernas, acaricie su lomo unas cuantas veces y ronroneo suavemente, me calmaba un poco pero no quitaba de mi cabeza lo sucedido anoche ni mucho menos cuando éste alzo su cabeza y su rostro que estaba deshabitado de expresiones... Me frustraba, mis pensamientos y emociones me comían poco a poco y me llevaban a un lugar diferente. Los suspiros de Ryutaro aún estaban deslizándose por mi cuerpo, en especial mi cuello, así como sus dedos se enredaban en mi cabello y lo jalaba con temor a que le dijera algo. Después de todo eso que venga un personaje cualquiera y arruine algo que podía haber sido mejor. Todo poco a poco empezaba a ser un desastre, mi puzzle se desarmaba y el hilo se tensa cada vez más.
"El tú dentro de mí no desaparecerá."
23 de diciembre de 2012
「Fifth month」
Ni siquiera sé como empezar, antes siempre tenía una idea de como escribir todo lo que sentía plasmándolo en el blog o en una simple hoja de papel media arrugada, que esa a futuro sería tu carta, mediocre carta pero a ti te encantaba leerlas en el vagón cuando vas en dirección a casa.
En realidad ha sido un buen mes, pero antes de que llegara el día veintitrés, discutimos, debo de admitir que lloré demasiado, no me importaba que luego llegaría navidad, sólo quería estar bien contigo; horas antes de la víspera, se solucionó casi del todo, yo no dejaba de estar deprimida y sólo miraba el árbol con todas esas luces con un deje de tristeza... Es doloroso estar ahí, cuando ves a todos felices y tú lo único que quieres es huir a casa porque nada anda bien.
Eso ya pasó, se solucionó a los tres días, antes del año nuevo estábamos mejor que nadie, hasta te llamé a la medianoche simplemente para escucharte, ser feliz y sentir que sólo a ti te daba mi primer abrazo. Fui feliz, soy feliz.
Gracias por todo, la verdad, has sido un hombre cual me ha enamorado de pies a cabeza, que cada vez que lo voy a ver mi cuerpo se estremece al saber que otra vez te sentiré, besaré y amaré, créeme que lo hago a diario y no me canso de hacerlo.
Te amo demasiado, N.
En realidad ha sido un buen mes, pero antes de que llegara el día veintitrés, discutimos, debo de admitir que lloré demasiado, no me importaba que luego llegaría navidad, sólo quería estar bien contigo; horas antes de la víspera, se solucionó casi del todo, yo no dejaba de estar deprimida y sólo miraba el árbol con todas esas luces con un deje de tristeza... Es doloroso estar ahí, cuando ves a todos felices y tú lo único que quieres es huir a casa porque nada anda bien.
Eso ya pasó, se solucionó a los tres días, antes del año nuevo estábamos mejor que nadie, hasta te llamé a la medianoche simplemente para escucharte, ser feliz y sentir que sólo a ti te daba mi primer abrazo. Fui feliz, soy feliz.
Gracias por todo, la verdad, has sido un hombre cual me ha enamorado de pies a cabeza, que cada vez que lo voy a ver mi cuerpo se estremece al saber que otra vez te sentiré, besaré y amaré, créeme que lo hago a diario y no me canso de hacerlo.
Te amo demasiado, N.
15 de diciembre de 2012
「Kiss」
Aparte de ser un simple y fácil contacto físico, va tras todo eso un desliz de sentimientos, emociones, ternura, amor, la vida entera... Puedes entregarlo todo si lo deseas o simplemente restringirse al beso más desabrido que jamás nunca hayas dado.
No importa con quien lo hagas, siempre será aceptado, tanto para bien como para mal. Supongo.
13 de diciembre de 2012
「遅い」 • 5 •
Algún día te diré la verdad.
Contemplé al chico de cabellos oscuros por arduo rato, él me hablaba sobre de que algo en mi vida empeoraba y que debía distanciarme de algunas personas. Realmente no le presté atención, luego me mantuve observando un punto fijo del suelo, pensaba en otras cosas; Kuro, quien estaba en mis brazos, maullaba y en sólo segundos se fue indignado porque no le tomé en cuenta. Mis fuerzas no eran suficientes para alcanzar al felino, extendí suavemente mis dedos sin alcanzar nada, descendí la mirada y la voz del inspirado muchacho era lejana en muchos sentidos.
En ese instante estábamos los dos solos en ese pequeño departamento, el gato ya estaba metido en sus mantas, no quería saber nada, me representaba en aquel momento. Kenken tocó mi hombro y fluí lentamente mi mirada hacia él, ladee la cabeza y contemplé que el chico me observaba triste, no sabía el por qué de las cosas pero me reflejé en sus cristalinos ojos, yo estaba con mis labios fruncidos, desinteresado de todo.
—No puedes estar con él. —retiró su mano y la tomé firme, no sé de donde saqué fuerzas ni mucho menos toda la agilidad para hacerlo.
—¿De qué estás hablando? —alcé una ceja y evité sonar sorprendido.
—¿Qué tipo de relación tienes con el chico ese?
—Hablas de Tatsuro... —moví suavemente mi cabeza negando leve, mi mirada volvió al piso y sentía el pequeño ardor en mis mejillas, por suerte no era notorio.
—¿Tatsuro? Que nombre más curioso. —evitó reír, me molestaba cuando optaba por esa actitud seria. —Ahora, responde Ryutaro.
—No tengo más que una relación de amistad. —entreabrí la boca y cerré un poco los ojos, me dediqué a recorrer mis carnosos labios con el dedo índice, el beso quemaba, persistía y suspiré recordando todo.
—¿No ocultas nada más? —él se dio cuenta de mi reacción ante su pregunta, de eso estaba totalmente seguro.
—No, Kenken. ¿Venías sólo para eso? —dije agotado.
—No, Ryutaro —alzó su ceja y lo solté del agarre, apoyó sus manos empuñadas en los muslos y se inclinó casi sobre mi rostro, lo observé fijamente, sin respirar pesado. —También vengo para decirte que tu enfermedad va de mal en peor. —bufó.
—¿Y eso qué? —refunfuñé y tensé mis labios en disgusto.
—No puedes tener alguna relación con alguien, menos con él. —se levantó y me observaba indignado.
—¿Dije algo malo? —sonreí ladino.
—¿Quieres preocupar a Tatsuro y que se aleje de ti? Anda y dile lo que tienes. Si no lo haces, lo haré yo. —dijo molesto, —Por cierto, vi como se besaban y bien que te ayudó. ¿Le agradeciste por aquel acto? —ladeó el rostro y desvió la mirada —Estás tan diferente Ryutaro, él te dejó horriblemente mal. Ojalá este muchacho sirva de algo, ya que para ti todos son partidarios de tu juego, de tu amado circo, me incluyo entre ellos. —entreabrí mis labios para retractarme ante las barbaridades de Kenken y rápidamente me interrumpió: —Buenas noches. —volteó y deslizó su mano por la manilla, saliendo rápidamente de la habitación seguido de un portazo.
Un portazo que calló toda clase de palabras que podían haber salido de mi boca y Kuro me observaba perplejo, estaba espantado por gran estruendo y lentamente se fue acomodando en el frío piso.
—Un circo dices tú... —susurré y recosté mi cuerpo en el suelo, observando al felino que estaba ahí contemplándome en su totalidad. —Soy el dueño de un circo, Kuro. Eso me hace feliz. —reí nostálgico y las lágrimas iban a caer, rechacé a cada una de ellas y apreté mis ojos. —Nada de eso, el dueño no se rinde jamás.
Musité palabras que hasta para mi fueron inaudibles, creo que era el fragmento de alguna canción, cada vez mi voz se quebraba más, la garganta se secaba poco a poco y el insomnio se apoderaba de mi. ¿Y él dónde estará? ¿Tendido en su cama odiándome por no haber dicho que tenía?
¿Por qué me siento culpable por estás cosas tan pequeñas?
—Ryutaro. —golpearon la puerta un par de veces, el silencio que estaba en aquel lugar hacía que este sonara claro y fuerte. La voz varonil, que en aquel momento no reconocí, me puso la piel de gallina. Me inmuté a abrir la puerta. —Ryutaro, abre. —otro par de golpes y posé mi mirada en la entrada, poco a poco reconocía esa voz...
Con mucho cuidado me levanté y de igual manera caminé y abrí la puerta. Estaba él, su cabello húmedo y con leves ondulaciones, sus ojos agotados estaban fijos en el cuadro de la entrada, me declaraba tristeza. Aquella situación me incomodaba.
—Pensé lo peor, agradezco que estés mejor.
—Gracias por ayudarme anteriormente... —lo recordé y sonreí ladino.
—Nada que agradecer. —jamás posó su calurosa mirada en mí, me estaba sintiendo vacío. Una sensación extraña se apoderaba de mi pecho otra vez. —Entonces nada de que me deba... Preocupar... —calló apenas lo jalé a mi cuerpo, enrollé mis brazos en su cuello y lo besé con suavidad, él me aceptó casi con una sonrisa, nuestras lenguas se entrelazaban y nuevamente esa conexión, aquellas emociones y sentimientos que quizás ambos estábamos dando por perdido volvían a unirse, a ser uno.
Retrocedí con precaución y este me siguió, cerrando la puerta detrás. Acarició de mis costados con lentitud y fuerza, aquella sensación me atrapaba. Un suspiro ahogado escapó de mi boca y el beso se detuvo por unos segundos, jadeo recuperando el aire que rápidamente habíamos acabado, no duró demasiado cuando me tomó y recostó en la cama. Kuro tomó rumbo y escapó quien sabe dónde.
—Tú debes descansar. —una risa suave y burlona nacía de él, me causó escalofríos y acaricié su nuca.
—Nada de eso, Tatsuro... —susurré y jalé de su holgada camiseta. Lo posicioné sobre mi cuerpo y este apoyó sus manos a los costados de mi cabeza, enrollando de sus finos dedos en mi cabello, lo jalaba suavemente y me volvía a besar, esta vez con más deseo.
Deje que mi cuerpo fuera totalmente manipulado por cada uno de los hilos que sostenía Tatsuro en sus manos. Recorrió mi cuerpo cuantas veces quiso, dejó besos cuantas veces era necesario, acudió a mi ser como sólo él sabía hacerlo, con cuidado y ternura, me llevaba. Muchas veces jalé el cabello de este ya que estaba en mi rostro, las puntas me acariciaban los mofletes mientras yo permanecía con los ojos cerrados disfrutando de cada momento otorgado.
Olvide en su totalidad lo que debía decirle a Tatsuro, lo tan importante que debía contarle para que no siguiera rencoroso por la actitud de Kenken y el haberle mentido sobre que era un simple desmayo. Debe haber notado que mi enfermedad es relacionada con mi corazón pero él espera a que se lo diga, a que confíe en aquel humano que cada día me sorprende más, aquel ser que estremece mi piel con su simple tacto.
—Te ves hermoso desde esta perspectiva, Taro. —sonrió travieso y besó mi frente.
No estimulé palabra alguna entre pequeños jadeos. Se liberó en mi interior y cayó tendido. Ambos cuerpos agitados. Disfruté del delicioso aroma que expulsaba el cabello de Tatsuro y poco a poco mis ojos se cerraban al mismo tiempo que los suyos, el sueño y cansancio se apoderaba, hasta la mañana siguiente.
El hilo rojo jamás se romperá. Aunque nos separemos, seguirá tan unido como siempre.
Contemplé al chico de cabellos oscuros por arduo rato, él me hablaba sobre de que algo en mi vida empeoraba y que debía distanciarme de algunas personas. Realmente no le presté atención, luego me mantuve observando un punto fijo del suelo, pensaba en otras cosas; Kuro, quien estaba en mis brazos, maullaba y en sólo segundos se fue indignado porque no le tomé en cuenta. Mis fuerzas no eran suficientes para alcanzar al felino, extendí suavemente mis dedos sin alcanzar nada, descendí la mirada y la voz del inspirado muchacho era lejana en muchos sentidos.
En ese instante estábamos los dos solos en ese pequeño departamento, el gato ya estaba metido en sus mantas, no quería saber nada, me representaba en aquel momento. Kenken tocó mi hombro y fluí lentamente mi mirada hacia él, ladee la cabeza y contemplé que el chico me observaba triste, no sabía el por qué de las cosas pero me reflejé en sus cristalinos ojos, yo estaba con mis labios fruncidos, desinteresado de todo.
—No puedes estar con él. —retiró su mano y la tomé firme, no sé de donde saqué fuerzas ni mucho menos toda la agilidad para hacerlo.
—¿De qué estás hablando? —alcé una ceja y evité sonar sorprendido.
—¿Qué tipo de relación tienes con el chico ese?
—Hablas de Tatsuro... —moví suavemente mi cabeza negando leve, mi mirada volvió al piso y sentía el pequeño ardor en mis mejillas, por suerte no era notorio.
—¿Tatsuro? Que nombre más curioso. —evitó reír, me molestaba cuando optaba por esa actitud seria. —Ahora, responde Ryutaro.
—No tengo más que una relación de amistad. —entreabrí la boca y cerré un poco los ojos, me dediqué a recorrer mis carnosos labios con el dedo índice, el beso quemaba, persistía y suspiré recordando todo.
—¿No ocultas nada más? —él se dio cuenta de mi reacción ante su pregunta, de eso estaba totalmente seguro.
—No, Kenken. ¿Venías sólo para eso? —dije agotado.
—No, Ryutaro —alzó su ceja y lo solté del agarre, apoyó sus manos empuñadas en los muslos y se inclinó casi sobre mi rostro, lo observé fijamente, sin respirar pesado. —También vengo para decirte que tu enfermedad va de mal en peor. —bufó.
—¿Y eso qué? —refunfuñé y tensé mis labios en disgusto.
—No puedes tener alguna relación con alguien, menos con él. —se levantó y me observaba indignado.
—¿Dije algo malo? —sonreí ladino.
—¿Quieres preocupar a Tatsuro y que se aleje de ti? Anda y dile lo que tienes. Si no lo haces, lo haré yo. —dijo molesto, —Por cierto, vi como se besaban y bien que te ayudó. ¿Le agradeciste por aquel acto? —ladeó el rostro y desvió la mirada —Estás tan diferente Ryutaro, él te dejó horriblemente mal. Ojalá este muchacho sirva de algo, ya que para ti todos son partidarios de tu juego, de tu amado circo, me incluyo entre ellos. —entreabrí mis labios para retractarme ante las barbaridades de Kenken y rápidamente me interrumpió: —Buenas noches. —volteó y deslizó su mano por la manilla, saliendo rápidamente de la habitación seguido de un portazo.
Un portazo que calló toda clase de palabras que podían haber salido de mi boca y Kuro me observaba perplejo, estaba espantado por gran estruendo y lentamente se fue acomodando en el frío piso.
—Un circo dices tú... —susurré y recosté mi cuerpo en el suelo, observando al felino que estaba ahí contemplándome en su totalidad. —Soy el dueño de un circo, Kuro. Eso me hace feliz. —reí nostálgico y las lágrimas iban a caer, rechacé a cada una de ellas y apreté mis ojos. —Nada de eso, el dueño no se rinde jamás.
Musité palabras que hasta para mi fueron inaudibles, creo que era el fragmento de alguna canción, cada vez mi voz se quebraba más, la garganta se secaba poco a poco y el insomnio se apoderaba de mi. ¿Y él dónde estará? ¿Tendido en su cama odiándome por no haber dicho que tenía?
¿Por qué me siento culpable por estás cosas tan pequeñas?
—Ryutaro. —golpearon la puerta un par de veces, el silencio que estaba en aquel lugar hacía que este sonara claro y fuerte. La voz varonil, que en aquel momento no reconocí, me puso la piel de gallina. Me inmuté a abrir la puerta. —Ryutaro, abre. —otro par de golpes y posé mi mirada en la entrada, poco a poco reconocía esa voz...
Con mucho cuidado me levanté y de igual manera caminé y abrí la puerta. Estaba él, su cabello húmedo y con leves ondulaciones, sus ojos agotados estaban fijos en el cuadro de la entrada, me declaraba tristeza. Aquella situación me incomodaba.
—Pensé lo peor, agradezco que estés mejor.
—Gracias por ayudarme anteriormente... —lo recordé y sonreí ladino.
—Nada que agradecer. —jamás posó su calurosa mirada en mí, me estaba sintiendo vacío. Una sensación extraña se apoderaba de mi pecho otra vez. —Entonces nada de que me deba... Preocupar... —calló apenas lo jalé a mi cuerpo, enrollé mis brazos en su cuello y lo besé con suavidad, él me aceptó casi con una sonrisa, nuestras lenguas se entrelazaban y nuevamente esa conexión, aquellas emociones y sentimientos que quizás ambos estábamos dando por perdido volvían a unirse, a ser uno.
Retrocedí con precaución y este me siguió, cerrando la puerta detrás. Acarició de mis costados con lentitud y fuerza, aquella sensación me atrapaba. Un suspiro ahogado escapó de mi boca y el beso se detuvo por unos segundos, jadeo recuperando el aire que rápidamente habíamos acabado, no duró demasiado cuando me tomó y recostó en la cama. Kuro tomó rumbo y escapó quien sabe dónde.
—Tú debes descansar. —una risa suave y burlona nacía de él, me causó escalofríos y acaricié su nuca.
—Nada de eso, Tatsuro... —susurré y jalé de su holgada camiseta. Lo posicioné sobre mi cuerpo y este apoyó sus manos a los costados de mi cabeza, enrollando de sus finos dedos en mi cabello, lo jalaba suavemente y me volvía a besar, esta vez con más deseo.
Deje que mi cuerpo fuera totalmente manipulado por cada uno de los hilos que sostenía Tatsuro en sus manos. Recorrió mi cuerpo cuantas veces quiso, dejó besos cuantas veces era necesario, acudió a mi ser como sólo él sabía hacerlo, con cuidado y ternura, me llevaba. Muchas veces jalé el cabello de este ya que estaba en mi rostro, las puntas me acariciaban los mofletes mientras yo permanecía con los ojos cerrados disfrutando de cada momento otorgado.
Olvide en su totalidad lo que debía decirle a Tatsuro, lo tan importante que debía contarle para que no siguiera rencoroso por la actitud de Kenken y el haberle mentido sobre que era un simple desmayo. Debe haber notado que mi enfermedad es relacionada con mi corazón pero él espera a que se lo diga, a que confíe en aquel humano que cada día me sorprende más, aquel ser que estremece mi piel con su simple tacto.
—Te ves hermoso desde esta perspectiva, Taro. —sonrió travieso y besó mi frente.
No estimulé palabra alguna entre pequeños jadeos. Se liberó en mi interior y cayó tendido. Ambos cuerpos agitados. Disfruté del delicioso aroma que expulsaba el cabello de Tatsuro y poco a poco mis ojos se cerraban al mismo tiempo que los suyos, el sueño y cansancio se apoderaba, hasta la mañana siguiente.
El hilo rojo jamás se romperá. Aunque nos separemos, seguirá tan unido como siempre.
8 de diciembre de 2012
「遅い」 • 4 •
Por un momento, la soledad tocó mi espalda y tuve miedo...
El ocaso desapareció, la noche era cómplice de lo que sucedía en ese instante donde volveremos a empezar; nuestras lenguas se desenlazaron, sus carnosos labios se desvanecían de mi deseado agarre y su pecho, que en algún momento se pegó al mío, se inflaba con lentitud, sus dedos estaban aún más fríos y yo sólo deje que él se desmayara en mis brazos. Sentí la horrible preocupación por otro ser que no fuera mi felina, evité entrar en desesperación y, quizás, entrar a llorar. El mayor no quería reaccionar ante mis suaves palmadas en la descolorada mejilla, susurré su nombre una y otra vez, la voz no quería salir. Nadie estaba para ayudar, de igual modo nadie lo hubiese hecho.
Lo abracé y apegué a mi cuerpo otra vez, escondí mi rostro entre su fino cabello. Omití el llanto pero mi pecho se apretaba. Yo no sabía si estaba enfermo o fue un simple desmayo, todo lo que sucedía me desesperaba. Musité en su oído, dejé que mi mano se posara en su cuello. Sentía como este retomaba su pulso a la normalidad lentamente. Me mantuve a la espera que él pidiera distancia y me observara indiferente por tal situación.
No tardo demasiado en abrir los ojos y soltar un suspiro cansado. Estaba inmóvil observándome con atención, llevó lentamente la mano a su tibia frente y sonrió un poco, estaba débil. De seguro esta no era la primera vez que sucedía.
—No quiero ser una carga, discúlpame —suspiró frustrado.
—Nada de eso, Ryutaro. —sonreí, me sentí aliviado por tenerlo ahí, dándome escusas baratas por lo sucedido.
—Pues eso parezco...
—Sólo fue un simple desmayo, ¿no?
—Mm... Sí. —dijo cortante.
Dime la verdad, por favor...
Torcí mis labios con disgusto, Ryutaro se percató y desvió su mirada. Daba a conocer que en realidad estaba enfermo, inhaló ahogadamente y luego exhaló. El frío viento alborotaba nuestro cabello. Él estaba listo para levantarse, un pequeño abdominal para simplemente sentarse en la banca sin fuerzas, rápidamente me incorporé y lo tomé en brazos. Era una escena ridícula, hasta pude notar como los mofletes de Ryutaro se tintaban de rosa.
—Oye, yo estoy bien. No es necesario este tipo de cosas. —risoteo bajo y movía sus piernas como leve pataleta.
—No. Si te dejo solo puedes caer. —opté por una actitud seria que en algún momento se rompería.
—Tatsuro no exageres... Bájame. —entrecerró los ojos.
—Primero opta por decirme la verdad o nada.
—Olvídalo. —decidió esconder su rostro en mi pecho.
Suspiré y caminé por el pequeño sendero vacío de aquella noche fría y otoñal. El tibio de su respiración me estremecía, jadee en algunas ocasiones lo más mínimo e inaudible posible. Entramos al edificio; no me sentía torpe como aquella vez que chocamos en este mismo lugar y casi lo empapé en groserías, tenía otra carga importante entre mis brazos, más liviano de lo que me esperé. Ryutaro se alejó de mi pecho y me observó, mi mirada se incorporó sobre la suya, sentía como me atraía y absorbía de manera inexplicable. Al momento que estaba decidido en besarle una inesperada voz me desconcertó.
—¡Ryutaro! —sólo fue cosa de minutos para que un chico de cabellos negros, más bajo que Ryutaro, interrumpiera y arruinara el momento.
Dejé que el mayor descendiera de mis brazos y cayera con suavidad, me mantuve como su apoyo en el pasillo desocupado de la recepción. Observó indiferente al chico, mientras que este le sonreía con gran deslumbro. Su cabello era corto y un mechón un tanto largo ocultaba su ojo izquierdo, la ropa ancha que era una camiseta con puntos negros, pantalón oscuro y botines negros. Debo admitir que le miré de reojo, me molestaba su presencia, en realidad me molestaba que Ryutaro hablara con el desconocido muchacho. Me ponía en una situación extraña y nueva, llamada... ¿Celos? Rodé mis ojos y refunfuñé para mis adentros.
—Kenken, podemos hablar en otra ocasión, ¿sí? No me siento bien. —se quejó.
—Lo ideal hablar ahora... —dijo desanimado, sus labios se tensaron en aquel instante.
—Por favor, ahora no.
—¿Me desechas así como así? —insistía. Las ganas de entrar en la conversación no me faltaban, sólo me mantuve al margen, de brazos cruzados y la cabeza agachada. El ánimo de ese tal Kenken me fastidiaba. El suspiro frustrado de Ryutaro hizo que sus brazos colgaran igual que si le hubiesen soltado sus hilos. La marioneta era libre en aquella instancia.
—Tatsuro, mañana hablamos. Estaré ocupado. —tambaleaba leve y Kenken lo agarró como si fuese una broma. Sonrió burlón, yo no otorgué palabra ante el par, simplemente dejé que se largaran en cosa de segundos.
Ryutaro era un ser bastante recatado de palabras e indefenso de algún modo; Kenken como el personaje que parecía ser realmente su apoyo a pesar del pésimo trato que el mayor le otorgaba, o quizás fue así sólo por esta vez, quien sabe lo que realmente son. En este momento me sentí despechado, otorgué un fragmento de mi ayuda y siento que fue totalmente desechada.
Caminé lo más rápido posible hasta el ascensor, me dispuse a esperarlo y entré, pensé demasiadas cosas que me parecían fastidiosas, me deprimían de algún modo y más de una vez suspiré. El piso 11 ya estaba a mi paso, en una caminata desaliñada y poco consecuente me aproxime a la entrada de mi aburrido departamento. Abrí la puerta y no quise dedicar mirada alguna a la puerta de al frente. Teto estaba recostada en mi cama, parecía estar dormida pero me esperaba, no quiso molestarme, sabía que esta vez no me sentía bien y lo único que haría en ese momento sería despojarme de mis ropas y darme un baño. Así fue, retiré cada prenda y deje que el agua corriera incansablemente, estaba tibia y eso relajó mi cuerpo, mi cabello se humedecía en su totalidad, apliqué el shampoo y observé como la espuma huía por la rejilla del desagüe. Me sentía frustrado por las cosas que mi mente creaba, sentimientos que siempre habían estado presentes y en ese momento ninguno se presencio. Aún sentía como mis labios quemaban en los suyos, extrañaba esa sensación. La escena de cuando el mayor se soltaba del beso estaba creándose en mi cabeza y la evité a toda costa, apreté los ojos con fuerza y suspiré pesado. Apliqué el acondicionador y de igual manera dejé que todo cayera mientras frotaba mi cuerpo con fragmentos de jabón líquido que huía junto el agua por mis dedos, la espuma se formaba, deslizaba mi piel y escapaba rápidamente. Quedé bajo el agua por largo rato con la cabeza agachada y los ojos cerrados, me sentía castigado por mis pensamientos ficticios y reales.
Salí, me vestí con camiseta y ropa interior. Un dolor de cabeza me atacó al salir del baño y a rastras llevé la ropa al cesto. Sacudí mi cabello y el agua que desprendía empapaba mi espalda y pecho, lo ignoré por completo y caí tendido junto a mi felina compañera. Me observaba nostálgica y lo único que hizo por mí fue maullar bajo y acurrucarse en mi pecho. Seguía sintiendo ese vacío, nuevamente la indiferencia que esta vez me dañaba...
No sé que pasa por mi cabeza en esa ocasión...
El ocaso desapareció, la noche era cómplice de lo que sucedía en ese instante donde volveremos a empezar; nuestras lenguas se desenlazaron, sus carnosos labios se desvanecían de mi deseado agarre y su pecho, que en algún momento se pegó al mío, se inflaba con lentitud, sus dedos estaban aún más fríos y yo sólo deje que él se desmayara en mis brazos. Sentí la horrible preocupación por otro ser que no fuera mi felina, evité entrar en desesperación y, quizás, entrar a llorar. El mayor no quería reaccionar ante mis suaves palmadas en la descolorada mejilla, susurré su nombre una y otra vez, la voz no quería salir. Nadie estaba para ayudar, de igual modo nadie lo hubiese hecho.
Lo abracé y apegué a mi cuerpo otra vez, escondí mi rostro entre su fino cabello. Omití el llanto pero mi pecho se apretaba. Yo no sabía si estaba enfermo o fue un simple desmayo, todo lo que sucedía me desesperaba. Musité en su oído, dejé que mi mano se posara en su cuello. Sentía como este retomaba su pulso a la normalidad lentamente. Me mantuve a la espera que él pidiera distancia y me observara indiferente por tal situación.
No tardo demasiado en abrir los ojos y soltar un suspiro cansado. Estaba inmóvil observándome con atención, llevó lentamente la mano a su tibia frente y sonrió un poco, estaba débil. De seguro esta no era la primera vez que sucedía.
—No quiero ser una carga, discúlpame —suspiró frustrado.
—Nada de eso, Ryutaro. —sonreí, me sentí aliviado por tenerlo ahí, dándome escusas baratas por lo sucedido.
—Pues eso parezco...
—Sólo fue un simple desmayo, ¿no?
—Mm... Sí. —dijo cortante.
Dime la verdad, por favor...
Torcí mis labios con disgusto, Ryutaro se percató y desvió su mirada. Daba a conocer que en realidad estaba enfermo, inhaló ahogadamente y luego exhaló. El frío viento alborotaba nuestro cabello. Él estaba listo para levantarse, un pequeño abdominal para simplemente sentarse en la banca sin fuerzas, rápidamente me incorporé y lo tomé en brazos. Era una escena ridícula, hasta pude notar como los mofletes de Ryutaro se tintaban de rosa.
—Oye, yo estoy bien. No es necesario este tipo de cosas. —risoteo bajo y movía sus piernas como leve pataleta.
—No. Si te dejo solo puedes caer. —opté por una actitud seria que en algún momento se rompería.
—Tatsuro no exageres... Bájame. —entrecerró los ojos.
—Primero opta por decirme la verdad o nada.
—Olvídalo. —decidió esconder su rostro en mi pecho.
Suspiré y caminé por el pequeño sendero vacío de aquella noche fría y otoñal. El tibio de su respiración me estremecía, jadee en algunas ocasiones lo más mínimo e inaudible posible. Entramos al edificio; no me sentía torpe como aquella vez que chocamos en este mismo lugar y casi lo empapé en groserías, tenía otra carga importante entre mis brazos, más liviano de lo que me esperé. Ryutaro se alejó de mi pecho y me observó, mi mirada se incorporó sobre la suya, sentía como me atraía y absorbía de manera inexplicable. Al momento que estaba decidido en besarle una inesperada voz me desconcertó.
—¡Ryutaro! —sólo fue cosa de minutos para que un chico de cabellos negros, más bajo que Ryutaro, interrumpiera y arruinara el momento.
Dejé que el mayor descendiera de mis brazos y cayera con suavidad, me mantuve como su apoyo en el pasillo desocupado de la recepción. Observó indiferente al chico, mientras que este le sonreía con gran deslumbro. Su cabello era corto y un mechón un tanto largo ocultaba su ojo izquierdo, la ropa ancha que era una camiseta con puntos negros, pantalón oscuro y botines negros. Debo admitir que le miré de reojo, me molestaba su presencia, en realidad me molestaba que Ryutaro hablara con el desconocido muchacho. Me ponía en una situación extraña y nueva, llamada... ¿Celos? Rodé mis ojos y refunfuñé para mis adentros.
—Kenken, podemos hablar en otra ocasión, ¿sí? No me siento bien. —se quejó.
—Lo ideal hablar ahora... —dijo desanimado, sus labios se tensaron en aquel instante.
—Por favor, ahora no.
—¿Me desechas así como así? —insistía. Las ganas de entrar en la conversación no me faltaban, sólo me mantuve al margen, de brazos cruzados y la cabeza agachada. El ánimo de ese tal Kenken me fastidiaba. El suspiro frustrado de Ryutaro hizo que sus brazos colgaran igual que si le hubiesen soltado sus hilos. La marioneta era libre en aquella instancia.
—Tatsuro, mañana hablamos. Estaré ocupado. —tambaleaba leve y Kenken lo agarró como si fuese una broma. Sonrió burlón, yo no otorgué palabra ante el par, simplemente dejé que se largaran en cosa de segundos.
Ryutaro era un ser bastante recatado de palabras e indefenso de algún modo; Kenken como el personaje que parecía ser realmente su apoyo a pesar del pésimo trato que el mayor le otorgaba, o quizás fue así sólo por esta vez, quien sabe lo que realmente son. En este momento me sentí despechado, otorgué un fragmento de mi ayuda y siento que fue totalmente desechada.
Caminé lo más rápido posible hasta el ascensor, me dispuse a esperarlo y entré, pensé demasiadas cosas que me parecían fastidiosas, me deprimían de algún modo y más de una vez suspiré. El piso 11 ya estaba a mi paso, en una caminata desaliñada y poco consecuente me aproxime a la entrada de mi aburrido departamento. Abrí la puerta y no quise dedicar mirada alguna a la puerta de al frente. Teto estaba recostada en mi cama, parecía estar dormida pero me esperaba, no quiso molestarme, sabía que esta vez no me sentía bien y lo único que haría en ese momento sería despojarme de mis ropas y darme un baño. Así fue, retiré cada prenda y deje que el agua corriera incansablemente, estaba tibia y eso relajó mi cuerpo, mi cabello se humedecía en su totalidad, apliqué el shampoo y observé como la espuma huía por la rejilla del desagüe. Me sentía frustrado por las cosas que mi mente creaba, sentimientos que siempre habían estado presentes y en ese momento ninguno se presencio. Aún sentía como mis labios quemaban en los suyos, extrañaba esa sensación. La escena de cuando el mayor se soltaba del beso estaba creándose en mi cabeza y la evité a toda costa, apreté los ojos con fuerza y suspiré pesado. Apliqué el acondicionador y de igual manera dejé que todo cayera mientras frotaba mi cuerpo con fragmentos de jabón líquido que huía junto el agua por mis dedos, la espuma se formaba, deslizaba mi piel y escapaba rápidamente. Quedé bajo el agua por largo rato con la cabeza agachada y los ojos cerrados, me sentía castigado por mis pensamientos ficticios y reales.
Salí, me vestí con camiseta y ropa interior. Un dolor de cabeza me atacó al salir del baño y a rastras llevé la ropa al cesto. Sacudí mi cabello y el agua que desprendía empapaba mi espalda y pecho, lo ignoré por completo y caí tendido junto a mi felina compañera. Me observaba nostálgica y lo único que hizo por mí fue maullar bajo y acurrucarse en mi pecho. Seguía sintiendo ese vacío, nuevamente la indiferencia que esta vez me dañaba...
No sé que pasa por mi cabeza en esa ocasión...
4 de diciembre de 2012
「遅い」 • 3 •
Han pasado ya tres meses desde que cruzamos las primeras palabras. Sigo pensando que no hay muestras de afecto de vuestra parte ¿o de la mía?
Durante todo ese tiempo, nuestra "relación" permanentemente se ha construido en algún pasillo casi deshabitado de este edificio o en el parque, eso siempre ocurría horas antes de que el ocaso apareciera y diera el toque de adiós. Jamás fue en nuestro departamento para ser más... Íntimos. Y claro, nuestros gatos como fieles testigos de lo que sentimos, mientras que nosotros somos unos tontos. Debo admitir que mientras pasaban las semanas su comportamiento se volvió un poco más tosco... Me frustraba.
Hablemos un poco de mí. Soy introvertido y me cuesta tener confianza en otros individuos. ¿Qué más puedo decir? Sólo puedo ser indiferente frente a un desconocido, en realidad se me hace tan familiar y descontrola mi corazón; está ganando mi confianza con rapidez y eso me sorprende. Estoy sonando igual que un chiquillo enamorado para mis ya 39 años de edad. Quizás él pensará que soy menor, mi engañosa contextura y comportamiento siempre hace que los demás se sorprendan pero eso es lo de menos, él también es engañoso, quizás tenga mi edad o mucho menos. Me gustaría saber.
En este momento no hago más que recordar lo tibio que estaba su rostro, su piel. Mi felino compañero debe saber todo lo que siento y por eso se escapa, justo al tiempo que él anda afuera buscando a su compañera. Puede que esté exagerando y realmente él ande buscando otra cosa y no a mi. Puede que también este equivocado, esto se vuelve difícil.
Esta vez no hubo necesidad de que Kuro se escapara para yo salir tras él y toparme con Tatsuro. Estaba pensante en la cocina, miraba los estantes lleno de curiosidad, recordé que en el refrigerador se hallaban muchas frutillas. De seguro le encantarían o quizás no, simplemente las llevé conmigo para compartir junto a sus encantos toscos y burlones. Salí de mi frío, y casi vacío, departamento, sólo fue cosa de alzar la vista para que él me observara con sorpresa. ¿Tanto le alegraba mi presencia?
No se dijo nada, las miradas fueron cómplices por unos minutos y caminamos hacia la misma dirección, hacia el mismo lugar, hacia el parque pero esta vez sin compañeros, sólo nosotros dos y las frutillas que llevaba en un recipiente mediano, simple dato. Nos acomodamos en una banca que estaba bajo la sombra de un enorme árbol. Me sentía cómodo y por lo que notaba mi compañero igual. Observé su atuendo, tan holgado y divertido como el mío. Esta vez él traía una boina ladeada y parecía que estuviese apunto de caerse, eso me causo gracia logrando que una risa ligera se escapara sólo para que Tatsuro me observara extrañado y negara con la cabeza sonriendo ladino. Un encanto en tal muchacho.
Nada ni nadie pasaba cerca de nosotros, el canto de algunas aves nos acompañaban y eso me conmovía.
—Tatsuro, tengo curiosidad.
—Dime —alzó su ceja. Siempre respondía a mis preguntas, me sentía un pequeño que aprendía gracias al mayor.
—¿Cuál es tu edad? —mordí mi labio inferior sin mucho disimulo, la pregunta fue tan horrorosa para él, sus ojos un tanto más despiertos y seguido una risa bromista se escapó. Se estaba burlando de mi, más que seguro.
—¿Tanto importa mi edad? —dijo con tono socarrón. —Tengo 33. De seguro tú tienes mucho menos.
—¿Tú crees? —reí bastante travieso, ocultando la sorpresa por su edad. —Tengo 39.
—Engañoso. Pero bueno... ¿Y qué traes en ese recipiente? —su tono para nada discreto me pasmó un momento y luego vacilé un poco antes de responder.
—Frutillas, ¿te gustan, Tatsu? —él me observaba con leve mueca de disgusto.
—No me gustan ese tipo de cosas... —me estaba desilusionando y mi mirada descendía poco a poco.
No tardó mucho en darse cuenta, sus tibios y suaves dedos estaban posados en mi mentón, lo levantó y me dejé hacer. Mis mejillas ardían. Él alzó una ceja, soltándome lentamente. Y yo ya estaba preparándome para algo más...
—Las comeré con gusto. —un toque infantil nació de él.
—Gracias —con el dorso de la mano cubrí una triunfante sonrisa. Quizás aceptó por pena, pero aceptó.
Abrí el recipiente y él ya estaba metiendo sus traviesos dedos dentro, sacó una y la devoró, riendo socarronamente. Así fue una tras otra. Mientras que yo daba mordidas pequeñas y comía con tranquilidad, nada me apuraba, ni siquiera el ocaso.
—Se suponía que no te gustaban y te las devoras como si no hubiera mañana. —reí.
—A mi me gustan otra clase de cosas, podías probar trayendo comestibles de mi gusto, ¿no? —bromeó.
—¿Qué clase de cosas comestibles te refieres tú? —le seguí el juego.
—Primero, no me gustan las cosas dulces.
—¿Cómo puede ser eso posible? —le interrumpí, me sentía infantil pero era tan extraño.
—Para que veas, Ryutaro. —comenzó a reír bajo e inclinó un poco su cabeza. La boina torpemente cayó y la alcancé a tomar, quedé inclinado totalmente sobre su cuerpo y él me observaba de igual manera, travieso y muy felino, mientras que yo me sentía atrapado por la distancia y deseo que sulfuraba de mis labios. Acarició mi mejilla y volvía a dedicarme palabras tranquilas: —Eres encantador —parecía estar tan decidido que cada vez me ruborizaba más.
Su cercanía era inevitable, enderezamos un poco nuestro torso y nada nos separaba. Nada nos importaba. Lo único que importaba era que mis ojos se cerraban lentamente al instante que esté hacía lo mismo, sus labios se pegaron suavemente contra los míos, una leve descarga eléctrica recorrió mi cuerpo, era demasiado lo que estaba empezando a sentir. Mi respiración era lenta y sus brazos se plegaban en mi delgado torso. Mis manos apoyadas en su pecho sin pedir distancia. Me estaba fundiendo en cada abrir y cerrar de sus labios, entre cada juego con su pequeña lengua. Mi pecho se apretaba y tenía miedo, no podía ser que mi corazón se alentara... El momento era completamente perfecto, ¿por qué estaba sucediendo esto ahora? Sentía el efecto contrario. El rápido agarre de Tatsuro con total delicadeza, no sabía que pasaba pero lo último que oí...
—¿Ryutaro? —su voz se oía tan lejos de mi. No me tocaba, no la escuché más.
Dejé que mi corazón y respiración fuera pausado, evité dificultar la entrada de aire a mis pulmones y me dejé fluir. Sabía que estaba en buenas manos, en las manos de aquel ser que me encantó desde la primera vez y que jamás supe cómo demostrárselo de la manera correcta, sin indiferencia, sin frialdad.
No creas que esto es eterno, muy bien sabemos que esto un día se acabará.
Perdóname por ser tan pesimista.
Durante todo ese tiempo, nuestra "relación" permanentemente se ha construido en algún pasillo casi deshabitado de este edificio o en el parque, eso siempre ocurría horas antes de que el ocaso apareciera y diera el toque de adiós. Jamás fue en nuestro departamento para ser más... Íntimos. Y claro, nuestros gatos como fieles testigos de lo que sentimos, mientras que nosotros somos unos tontos. Debo admitir que mientras pasaban las semanas su comportamiento se volvió un poco más tosco... Me frustraba.
Hablemos un poco de mí. Soy introvertido y me cuesta tener confianza en otros individuos. ¿Qué más puedo decir? Sólo puedo ser indiferente frente a un desconocido, en realidad se me hace tan familiar y descontrola mi corazón; está ganando mi confianza con rapidez y eso me sorprende. Estoy sonando igual que un chiquillo enamorado para mis ya 39 años de edad. Quizás él pensará que soy menor, mi engañosa contextura y comportamiento siempre hace que los demás se sorprendan pero eso es lo de menos, él también es engañoso, quizás tenga mi edad o mucho menos. Me gustaría saber.
En este momento no hago más que recordar lo tibio que estaba su rostro, su piel. Mi felino compañero debe saber todo lo que siento y por eso se escapa, justo al tiempo que él anda afuera buscando a su compañera. Puede que esté exagerando y realmente él ande buscando otra cosa y no a mi. Puede que también este equivocado, esto se vuelve difícil.
Esta vez no hubo necesidad de que Kuro se escapara para yo salir tras él y toparme con Tatsuro. Estaba pensante en la cocina, miraba los estantes lleno de curiosidad, recordé que en el refrigerador se hallaban muchas frutillas. De seguro le encantarían o quizás no, simplemente las llevé conmigo para compartir junto a sus encantos toscos y burlones. Salí de mi frío, y casi vacío, departamento, sólo fue cosa de alzar la vista para que él me observara con sorpresa. ¿Tanto le alegraba mi presencia?
No se dijo nada, las miradas fueron cómplices por unos minutos y caminamos hacia la misma dirección, hacia el mismo lugar, hacia el parque pero esta vez sin compañeros, sólo nosotros dos y las frutillas que llevaba en un recipiente mediano, simple dato. Nos acomodamos en una banca que estaba bajo la sombra de un enorme árbol. Me sentía cómodo y por lo que notaba mi compañero igual. Observé su atuendo, tan holgado y divertido como el mío. Esta vez él traía una boina ladeada y parecía que estuviese apunto de caerse, eso me causo gracia logrando que una risa ligera se escapara sólo para que Tatsuro me observara extrañado y negara con la cabeza sonriendo ladino. Un encanto en tal muchacho.
Nada ni nadie pasaba cerca de nosotros, el canto de algunas aves nos acompañaban y eso me conmovía.
—Tatsuro, tengo curiosidad.
—Dime —alzó su ceja. Siempre respondía a mis preguntas, me sentía un pequeño que aprendía gracias al mayor.
—¿Cuál es tu edad? —mordí mi labio inferior sin mucho disimulo, la pregunta fue tan horrorosa para él, sus ojos un tanto más despiertos y seguido una risa bromista se escapó. Se estaba burlando de mi, más que seguro.
—¿Tanto importa mi edad? —dijo con tono socarrón. —Tengo 33. De seguro tú tienes mucho menos.
—¿Tú crees? —reí bastante travieso, ocultando la sorpresa por su edad. —Tengo 39.
—Engañoso. Pero bueno... ¿Y qué traes en ese recipiente? —su tono para nada discreto me pasmó un momento y luego vacilé un poco antes de responder.
—Frutillas, ¿te gustan, Tatsu? —él me observaba con leve mueca de disgusto.
—No me gustan ese tipo de cosas... —me estaba desilusionando y mi mirada descendía poco a poco.
No tardó mucho en darse cuenta, sus tibios y suaves dedos estaban posados en mi mentón, lo levantó y me dejé hacer. Mis mejillas ardían. Él alzó una ceja, soltándome lentamente. Y yo ya estaba preparándome para algo más...
—Las comeré con gusto. —un toque infantil nació de él.
—Gracias —con el dorso de la mano cubrí una triunfante sonrisa. Quizás aceptó por pena, pero aceptó.
Abrí el recipiente y él ya estaba metiendo sus traviesos dedos dentro, sacó una y la devoró, riendo socarronamente. Así fue una tras otra. Mientras que yo daba mordidas pequeñas y comía con tranquilidad, nada me apuraba, ni siquiera el ocaso.
—Se suponía que no te gustaban y te las devoras como si no hubiera mañana. —reí.
—A mi me gustan otra clase de cosas, podías probar trayendo comestibles de mi gusto, ¿no? —bromeó.
—¿Qué clase de cosas comestibles te refieres tú? —le seguí el juego.
—Primero, no me gustan las cosas dulces.
—¿Cómo puede ser eso posible? —le interrumpí, me sentía infantil pero era tan extraño.
—Para que veas, Ryutaro. —comenzó a reír bajo e inclinó un poco su cabeza. La boina torpemente cayó y la alcancé a tomar, quedé inclinado totalmente sobre su cuerpo y él me observaba de igual manera, travieso y muy felino, mientras que yo me sentía atrapado por la distancia y deseo que sulfuraba de mis labios. Acarició mi mejilla y volvía a dedicarme palabras tranquilas: —Eres encantador —parecía estar tan decidido que cada vez me ruborizaba más.
Su cercanía era inevitable, enderezamos un poco nuestro torso y nada nos separaba. Nada nos importaba. Lo único que importaba era que mis ojos se cerraban lentamente al instante que esté hacía lo mismo, sus labios se pegaron suavemente contra los míos, una leve descarga eléctrica recorrió mi cuerpo, era demasiado lo que estaba empezando a sentir. Mi respiración era lenta y sus brazos se plegaban en mi delgado torso. Mis manos apoyadas en su pecho sin pedir distancia. Me estaba fundiendo en cada abrir y cerrar de sus labios, entre cada juego con su pequeña lengua. Mi pecho se apretaba y tenía miedo, no podía ser que mi corazón se alentara... El momento era completamente perfecto, ¿por qué estaba sucediendo esto ahora? Sentía el efecto contrario. El rápido agarre de Tatsuro con total delicadeza, no sabía que pasaba pero lo último que oí...
—¿Ryutaro? —su voz se oía tan lejos de mi. No me tocaba, no la escuché más.
Dejé que mi corazón y respiración fuera pausado, evité dificultar la entrada de aire a mis pulmones y me dejé fluir. Sabía que estaba en buenas manos, en las manos de aquel ser que me encantó desde la primera vez y que jamás supe cómo demostrárselo de la manera correcta, sin indiferencia, sin frialdad.
No creas que esto es eterno, muy bien sabemos que esto un día se acabará.
Perdóname por ser tan pesimista.
3 de diciembre de 2012
「遅い」 • 2 •
¿Cuando piensas salir de mi cabeza?
Un día más, otra vez estaba pensando en su infante sonrisa. Por momentos me negué demasiado a esta clase de pensamientos, en la noche di vueltas y vueltas en las colchas pensando en él. Tenía miedo, quizás me estaba creando mentiras en mi cabeza. Era dañino todo este tipo de pensamientos, nunca me había dejado influenciar tanto por mis emociones, mucho menos por mis sentimientos.
Mientras recordaba como este me dedicaba un poco de su tiempo, yo observaba como Teto seguía mansa sobre su cómoda cama, me miraba con ojos nostálgicos. Otra vez estaba enferma. No había cosa que más me dañara que ver a mi minina de esa manera. Me puse de pie, olvidando a ese chico de cabellos oscuros por arduo rato, me agaché dónde estaba ella y acaricie de su panza, cerro sus ojos y se quejaba. Ya sabía que le pasaba. Retiré toda clase de cariños a su cuerpo. Vestí con la ropa más a mano y decente que estuviera frente a mi nariz. Sacudí el cabello y lo amarré, dejando una coleta. Rápidamente, y con total cuidado, tomé a Teto entre sus mantas y salí.
Pasaron las horas y por fin me había desocupado un poco de Teto, la consulta fue corta; la gata estaba enferma de la panza y eso me molestaba, quizás que clase de cosas anda comiendo cuando se escapa por ahí. Bufé y entré al edificio, caminé despistado por el pasillo, el conserje no estaba y por desviar la mirada como simple curioso y torpe, choqué con un individuo que soltó un pequeño quejido.
—¿Qué clase de desconsiderado eres? —me quejé, luego estaba decidido a taparlo en groserías hasta que tomé en cuenta que Ryutaro estaba observándome con una mirada de felino bajo la lluvia. —Ryutaro... —susurré para mis adentros y volví a sujetar firme a la pequeña entre mis brazos.
—Disculpa... —avergonzado y, como siempre, ocultó sus ojos bajo ese lacio flequillo. —¿Teto está bien? —alzó un poco su vista, observé como la vergüenza tintaba de rosa suave sus mejillas. Reí por lo bajo, verlo así me provocaba. Sus palabras sonaban bastante decididas, yo también debo actuar así.
—Nada de que preocuparse. —sonreí leve. —¿Buscas a Kuro?
—Sí, como siempre —suspiró agotado.
Ryutaro no era de muchas palabras y eso me incomodaba. Soy un buen hablador, en cambio él...
—Te ayudo si así lo deseas.
—Quizás ya debe estar en el departamento flojeando. —soltó una pequeña risa, bastante nerviosa.
—Te acompaño, de todos modos debo hacer que Teto descanse... —está era una situación extraña y bastante cortante, supongo. Él estaba a sólo centímetros de mi cuerpo, sus largos y delgados dedos acariciaban la cabeza de la pequeña, ella encantada recibía de sus cariños y cerró sus ojos, relajándose. Ronroneaba leve pero se escuchaba claramente, eso a Ryutaro le hacía gracia. Era un completo infante.
—Bien, vamos.
No se dijo más hasta que subimos al ascensor. Teto estaba en medio de nosotros y eso me divertía, ella estaba casi dormida, un tanto atareada por la anestesia. Ryutaro no quiso molestar a Teto y tenía su mirada fija en el piso. Esta ocasión, subir hasta el piso 11 se volvió interminable, mordí mi labio y suspiré bajo, ojalá que haya sido casi inaudible para mi compañero.
—Esto es lento. —reí nervioso.
—¿Qué es lento? —ladeo su rostro curioso. —¿El ascensor? —dijo casi riendo.
—Sí, me desespera el calor que hace aquí. Me preocupa Teto... —musité y curvé mis labios, no me gustaba para nada tener a mi felino en esta situación.
—Estará bien.
Las puertas se abrieron en un piso cualquiera, creo que era el piso 8 ni siquiera me digné a mirar el pequeño visor que estaba sobre nuestra cabeza, yo estaba atento a él. Nadie subió. ¿Para qué diablos interrumpen la conversación de esa manera? Evité que los humos se subieran a mi cabeza y suspiré pesado.
—Oye, tranquilo.
—Hm... —voltee a observarlo, me sentía indiferente. Las puertas se cerraron sin avisar y di una mirada rápida, y eso no fue demasiado ya que la fría mano de Ryutaro estaba en mi mejilla, me tensé un poco. Evité el rubor pero el calor incrementó.
—Tienes fiebre. —llevó sus dedos a mi frente y dio una mirada seria. —Bastante.
No podía articular palabra alguna, estaba pasmado por aquel acto del muchacho. Las puertas se abrieron finalmente en el piso 11 y descendimos. Rumbo a la misma dirección, frente a frente cerca de la entrada de nuestro departamento. ¿Nuevamente la rutina? Kuro graciosamente apareció por el pasillo y se posó junto a su curioso amo. Lo puedo decir una y otra vez, son iguales. Reí con semejante pensamiento y Ryutaro me observaba extrañado.
No me observes así, me siento aún más idiota...
—Supongo que aquí terminó el día. —opté por una actitud seria, de seguro no duraría.
—Por esta vez.
Sonrió travieso. Volteó y el gato le siguió. Entró y me observó. Hice lo mismo. Agité suave mi mano en señal de despedida y Ryutaro sonrió igual que anoche. Cerró la puerta al mismo tiempo que yo.
Esto se volvía cotidiano: El hombre de cabellos largos hablaba con el chico desconocido de nombre Ryutaro, sus gatos eran el tema principal, el muchacho parece un infante mientras que el hombre un idiota que está baboso por sus encantos, los visita el ocaso, caminan a sus respectivos hogares, una despedida rápida y la preciosa sonrisa del menor. A pesar de todo un escalofrío recorría mi cuerpo aunque la historia se repitiera una y otra vez.
Me embobé sin pensar que podía pasar más adelante.
Un día más, otra vez estaba pensando en su infante sonrisa. Por momentos me negué demasiado a esta clase de pensamientos, en la noche di vueltas y vueltas en las colchas pensando en él. Tenía miedo, quizás me estaba creando mentiras en mi cabeza. Era dañino todo este tipo de pensamientos, nunca me había dejado influenciar tanto por mis emociones, mucho menos por mis sentimientos.
Mientras recordaba como este me dedicaba un poco de su tiempo, yo observaba como Teto seguía mansa sobre su cómoda cama, me miraba con ojos nostálgicos. Otra vez estaba enferma. No había cosa que más me dañara que ver a mi minina de esa manera. Me puse de pie, olvidando a ese chico de cabellos oscuros por arduo rato, me agaché dónde estaba ella y acaricie de su panza, cerro sus ojos y se quejaba. Ya sabía que le pasaba. Retiré toda clase de cariños a su cuerpo. Vestí con la ropa más a mano y decente que estuviera frente a mi nariz. Sacudí el cabello y lo amarré, dejando una coleta. Rápidamente, y con total cuidado, tomé a Teto entre sus mantas y salí.
Pasaron las horas y por fin me había desocupado un poco de Teto, la consulta fue corta; la gata estaba enferma de la panza y eso me molestaba, quizás que clase de cosas anda comiendo cuando se escapa por ahí. Bufé y entré al edificio, caminé despistado por el pasillo, el conserje no estaba y por desviar la mirada como simple curioso y torpe, choqué con un individuo que soltó un pequeño quejido.
—¿Qué clase de desconsiderado eres? —me quejé, luego estaba decidido a taparlo en groserías hasta que tomé en cuenta que Ryutaro estaba observándome con una mirada de felino bajo la lluvia. —Ryutaro... —susurré para mis adentros y volví a sujetar firme a la pequeña entre mis brazos.
—Disculpa... —avergonzado y, como siempre, ocultó sus ojos bajo ese lacio flequillo. —¿Teto está bien? —alzó un poco su vista, observé como la vergüenza tintaba de rosa suave sus mejillas. Reí por lo bajo, verlo así me provocaba. Sus palabras sonaban bastante decididas, yo también debo actuar así.
—Nada de que preocuparse. —sonreí leve. —¿Buscas a Kuro?
—Sí, como siempre —suspiró agotado.
Ryutaro no era de muchas palabras y eso me incomodaba. Soy un buen hablador, en cambio él...
—Te ayudo si así lo deseas.
—Quizás ya debe estar en el departamento flojeando. —soltó una pequeña risa, bastante nerviosa.
—Te acompaño, de todos modos debo hacer que Teto descanse... —está era una situación extraña y bastante cortante, supongo. Él estaba a sólo centímetros de mi cuerpo, sus largos y delgados dedos acariciaban la cabeza de la pequeña, ella encantada recibía de sus cariños y cerró sus ojos, relajándose. Ronroneaba leve pero se escuchaba claramente, eso a Ryutaro le hacía gracia. Era un completo infante.
—Bien, vamos.
No se dijo más hasta que subimos al ascensor. Teto estaba en medio de nosotros y eso me divertía, ella estaba casi dormida, un tanto atareada por la anestesia. Ryutaro no quiso molestar a Teto y tenía su mirada fija en el piso. Esta ocasión, subir hasta el piso 11 se volvió interminable, mordí mi labio y suspiré bajo, ojalá que haya sido casi inaudible para mi compañero.
—Esto es lento. —reí nervioso.
—¿Qué es lento? —ladeo su rostro curioso. —¿El ascensor? —dijo casi riendo.
—Sí, me desespera el calor que hace aquí. Me preocupa Teto... —musité y curvé mis labios, no me gustaba para nada tener a mi felino en esta situación.
—Estará bien.
Las puertas se abrieron en un piso cualquiera, creo que era el piso 8 ni siquiera me digné a mirar el pequeño visor que estaba sobre nuestra cabeza, yo estaba atento a él. Nadie subió. ¿Para qué diablos interrumpen la conversación de esa manera? Evité que los humos se subieran a mi cabeza y suspiré pesado.
—Oye, tranquilo.
—Hm... —voltee a observarlo, me sentía indiferente. Las puertas se cerraron sin avisar y di una mirada rápida, y eso no fue demasiado ya que la fría mano de Ryutaro estaba en mi mejilla, me tensé un poco. Evité el rubor pero el calor incrementó.
—Tienes fiebre. —llevó sus dedos a mi frente y dio una mirada seria. —Bastante.
No podía articular palabra alguna, estaba pasmado por aquel acto del muchacho. Las puertas se abrieron finalmente en el piso 11 y descendimos. Rumbo a la misma dirección, frente a frente cerca de la entrada de nuestro departamento. ¿Nuevamente la rutina? Kuro graciosamente apareció por el pasillo y se posó junto a su curioso amo. Lo puedo decir una y otra vez, son iguales. Reí con semejante pensamiento y Ryutaro me observaba extrañado.
No me observes así, me siento aún más idiota...
—Supongo que aquí terminó el día. —opté por una actitud seria, de seguro no duraría.
—Por esta vez.
Sonrió travieso. Volteó y el gato le siguió. Entró y me observó. Hice lo mismo. Agité suave mi mano en señal de despedida y Ryutaro sonrió igual que anoche. Cerró la puerta al mismo tiempo que yo.
Esto se volvía cotidiano: El hombre de cabellos largos hablaba con el chico desconocido de nombre Ryutaro, sus gatos eran el tema principal, el muchacho parece un infante mientras que el hombre un idiota que está baboso por sus encantos, los visita el ocaso, caminan a sus respectivos hogares, una despedida rápida y la preciosa sonrisa del menor. A pesar de todo un escalofrío recorría mi cuerpo aunque la historia se repitiera una y otra vez.
Me embobé sin pensar que podía pasar más adelante.
2 de diciembre de 2012
「Dear clown」
Eres un payaso muy raro... Tienes una gran sonrisa pintada en el rostro pero en el fondo estás muy triste. ¿Qué ocultas? ¿Hay algo que no quieres revelar? ¿Sentimientos escondidos?
¿Tenéis miedo de lo que pensemos sobre ti y tu falsa sonrisa?
1 de diciembre de 2012
「遅い」 • 1 •
Los días pasaban, eran interminables pero nada me importaba en ese instante, sólo quería verlo de nuevo y susurrar cada palabra linda a su oído. Era cotidiano, verlo diariamente me hacía feliz, su estadía en aquel edificio, aquel departamento, frente a mi puerta. En realidad, yo jamás le he susurrado en su oído, ni mucho menos le he hablado pero me hacía feliz saber que cuando me veía salir y él estaba a punto de cerrar la puerta, me observaba de reojo y la indiferencia en su mirada me llenaba.
Esa actitud tuya, tan indiferente, me encanta...
Este personaje, sin mucho movimiento en su departamento, siempre me llamó la atención. Desde que llegó tenía una actitud totalmente extraña, sus movimientos lentos y pausados, su mirada inexpresiva y su holgado atuendo, me recordaban a mí, pero más bajo, de cabello corto, negro y más fino, su piel como porcelana y totalmente introvertido. En minutos, un gato se asomó entre sus brazos, su chamarra negra no me había dejado ver aquel curioso animal de igual color, tenía la misma mirada que él, sólo que con los ojos bien despiertos.
Tomé a la gata entre mis delgados brazos y salí al pasillo del edificio, el piso 11. Me animé a caminar hasta la pequeña plaza del ya mencionado lugar. Tranquilamente caminé por aquel recinto y bajé por las escaleras. Un suspiro cansado, la mirada extraviada en algún punto inexistente, un extenso ronroneo de la gata mientras acariciaba de su lomo. Por un momento pensé que tropezaría torpemente, así que volví a la normalidad y sin darme cuenta ya estaba en el primer piso apunto de salir del sitio e ir a mi destino. Dejé que el pequeño animal descendiera de mis brazos y luego sentarme junto a esta, observábamos perezosamente a los niños jugar por todos lados, algunos arrimados en los columpios mientras que otros peleaban por sus juguetes, se veían realmente adorables pero mi rostro sólo expresaba una nostalgia que ni con mil baldes de agua desaparecería. Algunas personas me observaban por mis enormes lentes redondos, sentado en una banca junto a un personaje tan flojo como mi ser, una cabellera larga y las puntas rojas, un atuendo oscuro pero fresco y los labios parejos en seriedad perfecta.
Luego de un rato, el Sol bajó al igual que mi mirada, unas graciosas chancletas negras de un taco bastante cómodo estaban frente a mi, omití reír pero la blancura que representaba ese ser me causaba escalofríos, ¿acaso era él? Alcé mi vista y estaba en lo correcto. Alzó su ceja, curvó sus labios, estaba cruzado de brazos observándome.
—¿Hola? —fue lo más simple que pude articular con mi masculina voz.
No dijo palabra alguna, simplemente se hizo un pequeño espacio y se sentó a mi lado, a pesar de verse muy confiado, su cuerpo se estremecía leve, una vibración que se traspasó en mi ser, mordí mi labio inferior disimuladamente y miré hacia donde estaba ubicado mi preciada mascota, para mi mala suerte ya no estaba. No sabía si preocuparme e ir a buscarla o quedarme ahí para aprovechar el momento con aquel anhelado desconocido; de seguro Teto, el nombre de la gata, se fue a la recepción, siempre lo ha hecho se acuesta en el mesón junto al conserje y este le hace mimos, ya me acostumbre; estaba nervioso. Volví mi mirada hacia aquel chico de contextura delgada y seguía ahí, con una mirada profunda, sus ojos oscuros me envolvían y, de impulso, un suspiro se escapó de mis finos labios.
Me siento totalmente un idiota cuando estás a mi lado.
—¿Haz visto a Kuro? —su tranquila y casi femenina voz me consumía. Su tono de preocupación era notorio; no debía estar nervioso sólo preguntaba por...
—¿Quién demonios es Kuro? —dije sin más. Pensé en voz alta y él me miró con ojos sorprendidos, su expresión se volvió serena a pesar de mi horrible pregunta.
—Mi gato negro. Debes de saberlo. —susurró casi para sus adentros.
El gato, ¿cómo olvidar de ese gato? Tiene la suerte de estar siempre en sus brazos.
—De seguro debe estar en la recepción, junto al conserje y Teto. —dejé nacer una sonrisa ladina.
—Gracias. —se puso de pie y lo observé retirarse de aquel momento.
Me sentí un idiota por dejarle ir tan luego, rápidamente me levanté con decisión, pero no iba tras de él sólo iba a buscar a Teto.
Mentira, yo iba tras de ti, siempre...
Caminé rápido por el tranquilo sendero sin niños traviesos con los cuales pudiese tropezar, yo estaba algo así como si alguien estuviese esperando por mi hace horas y yo le hubiese olvidado completamente por aquel suceso anterior, ¿cómo me pueden exaltar demasiado? Tanto me cuestioné en el camino que ya estaba en la recepción, Teto estaba en el mesón del conserje y en ese instante el chico de cabellos cortos también, sonriendo como un infante mientras cogía aquel gato con sumo cuidado, el conserje, un hombre de avanzada edad de muy buen trato, me contempló apenas entré al lugar, de igual manera el curioso muchacho lo hizo y desvió su mirada rápidamente. Me exalté un poco pero intenté disimular, posé los lentes sobre mi cabeza mientras daba algunos pasos hacia el mesón sólo para tomar a mi gata e irme.
—Tenías razón, estaba aquí. —rápidamente el chico se incorporó; su tono aliviado me cautivaba.
—Tatsuro siempre sabe dónde vienen los gatos luego de escaparse, Ryutaro. —luego el mayor con una amplia sonrisa hacia ambos.
Me será imposible olvidar tu nombre, Ryutaro.
—Así es. —me agregué a la conversación; tomé a Teto con suavidad y lo acurruqué entre mis brazos. —Hay veces que este mesón lo verás con más de seis gatos y él atento a todos estos... Demasiada paciencia. —susurré, casi como si contara una aventura, quería evitar estar nervioso pero cada vez hablaba más rápido. Ryutaro observa y escuchaba atento, como cual niño fuese, eso lo volvía aún más encantador. Era totalmente adictivo.
—No exageres, Tatsuro —el más viejo soltó una risotada simpática. Fue inevitable no acompañarle y por lo que noté, el excéntrico compañero también, ocultando de su risita con el dorso de la mano. Kuro y Teto sólo movían de sus colas y se mantenían tranquilos, casi dormidos.
—Bien, ya es tarde. —admiré el reloj de la entrada, ni siquiera era tarde, sólo quería salir de esa situación tan estupendamente incómoda.
—Descansen muchachos, mi turno a terminado. —asintió leve el mayor y ordenó sus cosas.
Sabía que el menor, supongo, me contemplaba, me ponía realmente nervioso, ¿dónde quedó la indiferencia del principio? Mi compañero iba a decir unas palabras, sólo entreabrió sus labios y soltó un suspiro, me decepcioné por un instante y emprendí el paso hasta el ascensor, esta vez no tenía ganas de arrimarme a las escaleras. Ryutaro se mantuvo en su lugar por un instante luego me siguió. Apenas las puertas del ascensor se abrieron, ambos entramos y nuestros cuerpos lograron tener un leve roce. Descuidé mi mirada y la posé en la suya por arduo rato. Las puertas se cerraron. De seguro mi corazón latía rápido. Desvió su mirada y ocultó de esta con su flequillo oscuro. Su gato se mantuvo tan manso como el mío en nuestros brazos, me hubiese encantado estar como Kuro. Negué con la cabeza, estaba soñando despierto. Una campanilla sonó en una simple ocasión y ambos descendimos, caminamos en la misma dirección, pausados como si nadie nos apurara, di una mirada rápida hacia mi compañero y detuve mi paso al mismo tiempo que él. ¿Qué sigue?
—Hasta luego, Tatsuro. Descansa. —posó su mano en mi hombro, el flequillo seguía cubriendo de esos ojos profundos. Retiró su mano y buscó de las llaves.
—Igualmente, Ryutaro. —tragué todo el nerviosismo y rápidamente abrí la puerta con mi única llave, entré y al levantar mi vista Ryutaro sonreía de una manera tan... Especial y hermosa.
Yo sé que tú me ocultas tantas cosas, pero siempre estaré esperando a que algún día me las dirás.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

