Si cerramos los ojos, si cambiamos el rumbo, si no queremos lo mismo que los demás mortales, si no somos partidarios de todo el montón, somos un nadie. A veces, cada uno de esos caprichos te hacen volver un mortal cuando te habías convertido en un demonio o en un ángel, puede que no siempre lleves el mismo ritmo que todos y por eso no vales la pena estar en tu grupo, pero te das cuenta que es mejor estar sólo en ese momento. Si te pones a pensar las diferentes cosas que hay en este mundo, es preferible estar vivo en el plano astral y disfrutar de lo ajeno, algo completamente diferente, desconocido, excitante.
Ser un demonio o, lo que soy realmente, un súcubo, te das cuenta que no es malo, que el sentido pecaminoso de la vida te hace amar lo que eres, lo que haces, todo. El simple hecho de vivir en los sueños de diferentes mortales, disfrutar de ellos y, en especial, jugar, te hace sentir aún más excluido del montón, lo que lo hace divertido.
¿Qué tiene de malo ser demonio o ángel? ¿Les molesta qué no seamos simples humanos como ustedes? Decrépitos clones, no hacéis más que criticar sin saber.
